Nuria Marín

Enviar
Lunes 2 Abril, 2012


Creciendo [email protected]
¿Vaso medio lleno?


Una persona con actitud positiva muestra un mejor desempeño en una amplia variedad de niveles, desde la productividad (31%), la creatividad (tres veces más) y el compromiso, hasta la mejora continua. Igualmente, tiene una mayor capacidad para enfrentar tiempos difíciles.
Esta es la conclusión de varios estudios realizados por Shawn Achor, autor del artículo recientemente publicado por la revista Harvard Business Review (enero-febrero 2012), “Positive Intelligence.”
Lo interesante es que existe una correlación directa entre el sentimiento de satisfacción personal y el pensamiento positivo, lo que deviene en un mejor desempeño de las personas en el mundo laboral, empresarial y organizacional.
Un llamado para agregar a la larga lista de requisitos al contratar a un nuevo(a) colaborador(a) es su visión ante la vida: ¿Vaso medio vacío o medio lleno? No menos importante el incorporar medidas que mejoren y propicien una cultura y clima organizacional que incentive el positivismo.
Hay quienes afirman que es poco más o menos que imposible cambiarle la visión y actitudes a una persona negativa, si eso fuera así, con más razón debemos ser entonces más cautelosos a la hora de escoger a nuestras personas cercanas y colaboradores.
La buena noticia es que el cambio sí es posible, claro está que requiere tiempo y esfuerzo. Así como se entrena en el gimnasio, se pueden desarrollar nuevos hábitos que deriven en una actitud más positiva ante la vida.
Para quienes se inclinan por el negativismo o no son lo suficientemente positivos, el iniciar un cambio puede ser la decisión más importante que realicen en sus vidas. Verán como esta nueva actitud deriva en una serie de incalculables beneficios no solo a nivel personal sino también a nivel familiar, laboral e incluso comunitario.
¿En qué pueden consistir esos nuevos hábitos diarios? El autor sugiere: pensar en tres cosas por las que podemos sentirnos agradecidos, escribir un mensaje positivo a alguna persona del entorno de apoyo, pequeños ejercicios de meditación, ejercitarse por diez minutos o destinar algunos minutos para escribir sobre las experiencias más significativas del día.
De todas las experiencias citadas, pareciera que la más efectiva y con mayores réditos es la relacionada con la interacción con las personas. En un estudio realizado por Achor y otros profesores de Harvard a 1.648 estudiantes, aquellos que tenían una mayor interacción con sus pares, como red de apoyo, manejaban mucho mejor los periodos de estrés.
Para Achor aquellas personas con una predisposición de interacción y colaboración cuentan con un 40% más de probabilidades de ser ascendidos, cuentan con mayores niveles de satisfacción personal y se sienten diez veces más comprometidos con sus trabajos.
Pareciera entonces que el sentido de felicidad eleva exponencialmente nuestras posibilidades de éxito, por lo que desarrollar nuevos hábitos que estimulen una actitud positiva puede convertirse en una de las mejores decisiones de nuestras vidas.

Nuria Marín Raventós