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El próximo ministro de la Presidencia deberá convencer con buenos argumentos y armonizar, no solo a distintas fracciones del Congreso, de las bondades de un proyecto, sino también a la ciudadanía, que está hoy más organizada (no solo en sindicatos) y que será la que probablemente presione sobre el gobierno central y los legisladores


Un ministro inteligente y apto

La importancia que tendrá el ministro de la Presidencia, en el caso de que gane las elecciones el PAC, es indudable. Le tocará lidiar, entre otras cosas, con una Asamblea Legislativa muy fraccionada.
La responsabilidad debería recaer en alguien con la inteligencia y aptitud suficientes, capaz de crear empatía y asumir la tarea con la cabeza bien fría.
El ánimo sereno le permitiría analizar las distintas posiciones en el Congreso y buscar la mayor cantidad de acuerdos que considere beneficiosos para el país allí donde esto sea posible.
Por otro lado pareciera que más factores también incidirán en la necesidad de estrategias adecuadas y transparentes, no solo en el caso del Ministerio de la Presidencia, sino en el resto de jerarcas del gobierno central y de las instituciones estatales que se nombren.
Los cambios sociopolíticos ocurridos en el país harán que también deba ser tomada en cuenta una sociedad civil mucho más informada y activa que la de las últimas décadas.
Pareciera que esa colectividad se mantiene más pendiente que antes de lo que se pueda estar “cocinando”, en el buen sentido de la palabra, en los poderes de la República.
En ese sentido, Luis Guillermo Solís y el que sería su equipo de gobierno, en caso de ganar las elecciones, tendrán que hacer un esfuerzo superior. Desde el inicio la gente pedirá muestras de un cambio, pero el nuevo gobierno recibirá un presupuesto para 2015 ya comprometido.
Si lidiar con esto siempre ha sido difícil para los mandatarios entrantes, aun cuando continúen en buena medida con las políticas del anterior, más cuesta arriba puede que lo tenga un gobierno que se propone mejorar la dirección y gestión del país.
El próximo ministro de la Presidencia deberá convencer con buenos argumentos y armonizar no solo a distintas fracciones del Congreso (o al menos a algunas que le resulten suficientes), de las bondades de un proyecto, sino también a la ciudadanía, que está hoy más organizada (no únicamente en sindicatos) y que será la que probablemente presione sobre el gobierno central y los legisladores.
Una mejor gestión se tendrá que dar seguramente y no solo porque lo haya anunciado el PAC, sino porque lo reclama la ciudadanía.
Aunque cuatro años sean pocos deberán ser muy bien aprovechados.
Se permitió (por acción o inacción de gobiernos y sus jerarcas) durante largo tiempo, que algunas instituciones se abultaran, se cargaran de vicios y malos manejos.
Es de suponer, lógicamente, que Solís tenga ya su hombre o mujer capaz para el Ministerio de la Presidencia, y tampoco se podría descartar que en algún momento posterior tuviera que cambiarlo si no llenara sus expectativas. Algo frecuente en estas épocas no solo en Costa Rica.
No obstante, algunos cambios importantes podrían darse a partir del Ejecutivo y de quienes este nombre en ministerios y autónomas.

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