Bruno Stagno

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Lunes 15 Julio, 2013

Según estudios científicos recientes, el hielo en el Mar de Ross será el último en descongelarse sobre los mares del planeta, por lo que constituirá un último refugio para un mayor número de especies


Un mar de último refugio

El Mar de Ross, con su homónima plataforma permanente de hielo, fue la principal ruta de acceso para una serie de valientes exploradores que se adentraron en el interior de la desértica Antártida.
Desde Ernest H. Schackleton a Roald E. G. Amundsen y Robert F. Scott, y el mismo James C. Ross quien primero navegó sus aguas en 1841, todos iniciaron sus expediciones al polo sur entrando por el Mar de Ross. Algunos perdieron la vida sobre su plataforma de hielo de 487 mil kilómetros cuadrados, como fue el caso de los cinco integrantes de la última expedición Scott en 1911-1912, quienes murieron congelados y desconsolados tras perder la carrera por alcanzar el polo sur geográfico. Unos 33 días antes, Amundsen había izado una bandera noruega en el punto 90?00’S.
Aunque remoto e inhóspito, el Mar de Ross es el ecosistema más biodiverso del Océano del Sur y de la Antártida, con no menos de 40 especies endémicas, gracias a la diversidad de su topografía submarina.
Aunque sorprendentemente biodiverso, tanto en especies pelágicas como bénticas, su importancia como refugio natural solo aumentará de no mermar el calentamiento global.
En efecto, según algunos estudios científicos recientes, el hielo en el Mar de Ross será el último en descongelarse sobre los mares del planeta, por lo que constituirá un último refugio para un mayor número de especies a medida que otros campos de hielo australes desaparecen.
Tan solo el 1% de la superficie acuática del planeta goza de algún grado de protección. Una iniciativa para hacer de 2,3 millones de kilómetros cuadrados del Mar de Ross un área marina internacionalmente protegida, actualmente bajo estudio por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), aumentaría la superficie protegida al 3%. No es mucho, pero es un buen comienzo. Sin embargo, algunos de los 24 estados partes y 11 estados adherentes de la CCRVMA parecen objetar una protección absoluta del Mar de Ross, sin excepciones y sin fecha de expiración, abogando principalmente por la exclusión de la pesca del bacalao austral o una veda temporal sujeta a revisión en el futuro. En la práctica, la única medida de protección que tiene sentido en un mar tan remoto es la protección absoluta, porque la verificación de la carga in situ es casi imposible tomando en cuenta que el puerto más cercano (Invercargill, Nueva Zelanda) se encuentra a siete días de navegación.
Desde el Estrecho de McMurdo a la Bahía de las Ballenas, el Mar de Ross abrió la Antártida a la exploración geográfica y científica, y a la conquista del último extremo sin alcanzar del planeta. Hoy, que la explotación pesquera amenaza con destruir la sostenibilidad de este ecosistema único, el mejor tributo que la comunidad internacional puede hacer a un centenario de la trágica expedición Terra Nova liderada por Scott, es protegerlo y conservarlo como último refugio para las especies australes.

Bruno Stagno Ugarte