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Miércoles, 21 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Tricotomía

María Luisa Avila [email protected] | Jueves 16 agosto, 2012



Tricotomía


Cada día que pasa mi mamá es más sabia y más hermosa. Sus canas son brillantes y sus arrugas suaves, su expresión serena propia de las personas que han sabido vivir con dignidad. Hace unos años durante su cumpleaños, dijo “…cada año que pasa me gusta más la vida”, y cómo no habría de gustarle si cada año lo ha vivido dándose a los demás. Mi mamá tuvo dos hijos, mi hermano Claudio y yo, pero en su infinito corazón sobra tanto amor como para ser la madre adoptiva de tres más: Joylie, Alonso y Luis. Una mujer adelantada a su tiempo, que supo entender que el papel de la mujer en la sociedad no debía ser pasivo. Siempre recordaré durante mi época de escuela una pregunta que le hice, ¿mamí por qué usted no se firma Evelia Agüero de Avila?, van a pensar en la escuela que yo no tengo papá. Y ella me contestó, no firmó de Avila porque yo no soy de nadie, yo soy mía. Una sencilla, pero sabia respuesta que refleja toda una filosofía de vida. A sus hijos nos enseñó la importancia de compartir con los demás lo poco o lo mucho que la vida da. De la mano de mi madre, conocí lo que era un precario. Con ella, visitamos mi hermano y yo, el precario “Aguantafilo” en Hatillo, a llevar ropa, alimentos y juguetes a algunas familias que lo necesitaban. No era que a nosotros nos sobrarán esas cosas, pero para mamí compartir era y es un imperativo moral.
Mi mamá siempre ha hablado claro, de ella recibimos nuestras primeras lecciones de educación sexual, usaba recuerdo un libro de editorial Life que se llamaba: “De donde vienen los niños”, bellamente ilustrado y capaz junto con la explicación materna de saciar la curiosidad de la infancia. A pesar de que los años pasan, mami siempre seguirá preocupándose por el bienestar de sus hijos, con pequeños y grandes detalles. En mis años de Ministra, los domingos siempre me preparaba recipientes con alimentos: “…llévate esto para tu casa, por si no tenés tiempo de cocinar”. ¡Y qué deliciosa sabe la comida de la mamá!, ningún manjar la supera, porque el principal ingrediente, el amor, no es tan fácil de conseguir.
Mami siempre ha estado presta a dar el consejo sabio, el comentario oportuno, el apoyo sin límite, sin juzgar o censurar. Siempre la he visto alegre, sonriendo, cantando, recibiendo a sus visitas con solícito afecto. Su momento de mayor dolor y tristeza fue sin duda cuando murió su madre Celia, un ser humano maravilloso que vive en mi corazón, junto con mi abuela paterna María.
Doy gracias a Dios y a la vida por mi madre, espero que esté muchos años más en este mundo, donde cada vez las certezas son menos. Mi madre es mi más sólida certeza. Un día es poco para reconocer el valor de mi madre.

María Luisa Avila