María Luisa Avila

Enviar
Jueves 7 Junio, 2012


Tricotomía

Durante estos días en nuestro país mucho se ha discutido de derechos, de respeto y de tolerancia. Debemos partir de que todos somos iguales. Iguales ante Dios y ante la ley, iguales en cuanto al acceso a las oportunidades y al crecimiento personal. Pero a cada quien hay que darle el lugar que le corresponde.
Hay que tener muy claro el significado de tolerancia, y conceptualizarlo como el respeto a las ideas, creencias, preferencias y prácticas de los demás aunque sean diametralmente opuestas a las nuestras. Es la capacidad de escuchar y aceptar a los demás. Sin embargo, parece ser que pedimos tolerancia a nuestras posturas, pero no somos tolerantes antes las de los demás. A veces podemos ser tan intolerantes como el que más. Respetar en la diferencia tiene gran peso moral y ético que identifica a un humano de bien.
Tolerar significa que aceptamos el derecho de los demás a tomar sus propias decisiones, aunque no las entendamos, no las compartamos o no sean adecuadas para nosotros. Antonio Maura, abogado y político español, lo plasmó en esta frase: “Significa enterarse, cada cual, de que tiene frente a sí a alguien que es un hermano suyo, quien, con el mismo derecho que él, opina lo contrario, concibe de contraria manera la felicidad pública”.
Tolerar es respetar la pluralidad… “aunque toda sociedad —decía George Bernard Shaw— está basada en la intolerancia, todo progreso estriba en la tolerancia”.
No es fácil defender los derechos de las minorías, no es fácil apoyar cuestiones “políticamente incorrectas”, porque son impopulares, no es fácil nadar contracorriente. Pero si realmente queremos hacer una diferencia en pro del derecho de los demás, de la igualdad y de la tolerancia, se debe intentar. Bien que mal, fomentar la tolerancia favorece el respeto hacia nosotros mismos y nuestra manera de ver el mundo y vivir la vida. Respetar a los demás y a sus diferencias es honrar la vida. Una estrofa de la canción Honrar la Vida, escrita por Eladia Blázquez y tantas veces cantada por Mercedes Sosa: “Merecer la vida es erguirse vertical más allá del mal, de las caídas. Es igual que darle a la verdad. Y a nuestra propia libertad
la bienvenida”. Debería recordarnos nuestra obligación de honrar la vida, y qué mejor manera que respetando a nuestros semejantes y sus diferencias. Al fin y al cabo, la existencia es muy corta como para pasársela en desencuentros.
Pidamos tolerancia, exijamos respeto, pero estemos dispuestos a tolerar y respetar a los demás. De lo contrario será un discurso hueco, sin sustancia. La tolerancia y el respeto para que sean efectivos, y permitan que la sociedad avance, deben ser bidireccionales.

María Luisa Avila