Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 10 Abril, 2014

Un masivo repudio al ya suficientemente comprobado agotamiento del modelo implantado por el bipartidismo y al continuismo


De cal y de arena

Solís, triunfo y perspectivas

En términos aplastantes e indisputables el país escogió como Presidente de la República al candidato calificado en todo este proceso con las mejores habilidades políticas para enfrentar con sentido político los más acuciantes problemas nacionales que son fundamentalmente políticos.
El país eligió a Luis Guillermo Solís con una expresión de confianza hacia él de niveles sin precedentes —el 78%—, efecto sin duda de una prédica de contenidos muy personales y propios del mundo real, con la que convenció de su capacidad, su experiencia, su honradez, para asumir los retos de un mandato que lleva la instrucción clara y precisa de cambiar.
Con su gran carisma supo forjar empatías con ese electorado hastiado de tanta corrupción, de tanta chapucería en la gestión de gobierno, de tantos años de engañosa y estéril prédica en los temas de inequidad social, empleo, pobreza, deficiente infraestructura y marcados desequilibrios de la educación pública con directos efectos en la creación de oportunidades, pleno de arbitrariedades tributarias y privilegios con cargo a los presupuestos públicos.
Un legado factura del bipartidismo que cooptó el gobierno durante décadas y de los poderes fácticos que trazaron su comportamiento y su rumbo.
Evidentemente Solís capitalizó una especie de “cabreazón” nacional de muy diversa naturaleza, origen y color.
Esos 1.314.327 votos desbordaron las filiaciones del PAC y llevan la marca de un hastío que encontró en Solís la esperanza de una salida ordenada aunque de acelerada marcha.
Tres hechos sobresalen por su elocuente significado: le arrebató al Partido Liberación Nacional históricos y sentimentales feudos, las olvidadas provincias costeñas le entregaron su confianza y en las siete provincias no menos del 70% de los votos fueron para él.
Ha sido un masivo repudio al ya suficientemente comprobado agotamiento del modelo implantado por el bipartidismo y al continuismo. Ha sido un explosivo grito de cambio. De cambio de partido.
Cambios en un modelo económico que sabe producir pero no repartir, que respalda el esfuerzo exportador pero se desvanece cuando se trata de estimular el abastecimiento interno.
De cambios en un régimen tributario marcadamente regresivo. De cambios en el ofensivo mundo de privilegios y canonjías que va desde las pensiones obsequiosas hasta los escudos fiscales.
Cambios en la forma en que se escogen los altos mandos del sector público. Cambios de actitud ante el mandato constitucional de transparencia y rendición de cuentas.
Por ahí debe ir el cambio para conservar la confianza que el ciudadano le entregó masivamente. Materializar el cambio con una fracción de 13 diputados es posible solo por la vía de la negociación y con la habilidad para el “movimiento de cintura” propio de un buen político que debe ser también consciente del principio de autoridad propio del Jefe de Estado.
La respuesta que reclaman los más agudos problemas que arrastra el país tiene que entenderse como una cuestión esencialmente política que debe depositarse en manos reputadamente reconocidas por su habilidad política.

Álvaro Madrigal