Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 15 Septiembre, 2014

Ser vecino de un país con tanta miseria implica seguir recibiendo inmigrantes


Ser una potencia económica

La economía pretende ser una ciencia y, por tanto, manejar verdades absolutas. Nada más equivocado. Por más que sus representantes nos expliquen sus teorías con estadísticas, índices, mediciones, análisis y matemáticas, la economía es tan subjetiva como las opiniones, tan emocional como el arte, tan relativa como… la verdad.
En algunos países, que no en todos, ¡ojo!, los gobiernos establecen un salario mínimo para los trabajadores. El más alto del mundo es el de Australia ($135 por día) y el más bajo el de México (4,89). Para mayor ubicación, el de Costa Rica es de 17.


Aquí los economistas saltarán aclarándome que una cosa es el tipo de cambio y otra muy diferente es qué se puede comprar con esa cantidad. Lo dirán con un lenguaje mucho más elaborado, pero es lo mismo.
Entonces podríamos hacer una relación entre el salario mínimo y las canastas básicas de cada país pero… otra vez la teoría de la relatividad entra en juego. ¿Quién las determina? El gobierno de turno, y puede introducir o eliminar productos o servicios para mejorar sus índices económicos.
Seamos profanos y utilicemos el índice Big Mac de la revista The Economist, que pretende comparar el costo de la vida con el valor del dólar relacionándolo con el precio de la hamburguesa donde esta se venda. Sí, ya sé, señores economistas, se trata de una investigación no científica.
Entonces, no sé, podría hablar del Producto Interno Bruto per cápita, de la tasa de desempleo, de la deuda interna, de la inflación… No, ¡qué pereza! No soy economista, tal vez me hubiera gustado serlo.
Los que lo son que me expliquen por qué, si México es la segunda potencia de América Latina, después de Brasil, los trabajadores reciben el salario mínimo más bajo del mundo. El país sudamericano paga por día a los trabajadores no calificados casi tanto como el nuestro y la poderosa China duplica el salario de los mexicanos.
No voy a hablar de la canasta básica, porque los expertos estarán de acuerdo conmigo con que esa medición no mide nada.
Les cuento lo que cuesta en dólares una Big Mac en México (3,25), en Costa Rica (4), en Brasil (5,86) y no me dice nada. Poder comer comida chatarra cara o barata es una elección que no me planteo.
Lo que sí me afecta es el hecho que la economía de un país sea próspera (según ciertos índices económicos mundiales) y sin embargo 23 millones de trabajadores estén bajo la línea de pobreza según la ONU; que esa cifra represente al 43% de los trabajadores mexicanos (no de sus habitantes, ahí el porcentaje aumenta); que, por supuesto, estos millones de seres humanos no pueden acceder a la “canasta básica”; que 3 millones de niños (entre los tres y 17 años) trabajen: un 25% cobrando el salario mínimo y un 47% gratis; y que el poder adquisitivo se haya depreciado en un 77% según el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Mientras tanto los legisladores estadounidenses discuten una reforma migratoria. Ser vecino de un país con tanta miseria implica seguir recibiendo inmigrantes. Deben asumirlo: en gran medida son responsables.

Claudia Barrionuevo
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