Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Enviar
Viernes 30 Noviembre, 2012

Han surgido grupos de todas las especialidades y tendencias, a proponer lo que debe ser el país a corto o largo plazo. Es la respuesta a la incapacidad de una clase dominante que se esconde detrás de un gobierno que solo atina a reprimir violentamente las protestas


Repercusiones

El enfrentamiento entre los poderes de la República ha tenido hondas resonancias. Y las seguirá teniendo. Aunque no estamos en capacidad de decir si se ha iniciado una nueva etapa en nuestra historia política, sí podemos ir viendo algunas de sus repercusiones.
Por el momento, el Poder Judicial se fortaleció por el apoyo masivo que ha logrado en la ciudadanía. Lo cual ha obligado a la Presidenta a convocar a los presidentes de los otros poderes. Por su parte, el Congreso no encontró otra salida que recurrir a la Sala IV, lo cual se ha hecho habitual cuando no logra consenso.
La falta de consenso se puede achacar a que la Alianza por Costa Rica asumiera el Directorio, porque el propio presidente del Congreso, puesto por el oficialismo, se pronunciara duramente en su contra. El frío no está en las cobijas.
El pronunciamiento salido del encuentro en Zapote da una señal de paz aparente. Los sectores dominantes tienen miedo; los procesos que vive el país los han rebasado; se les han ido de la mano, no solo la dinámica de las masas, sino las reglas mismas del juego político. Esto es lo más novedoso que me parece visualizar en lo que acaece en el país.
Como consecuencia, han surgido varios grupos de ilustres ciudadanos de todas las especialidades y tendencias, a proponer lo que debe ser el país a corto o largo plazo.
Es la respuesta frente a la incapacidad de una clase dominante que se esconde detrás de un gobierno, que solo ha atinado a reprimir violentamente las protestas que pululan en toda la geografía nacional.
Lo más grave es que el aparato represivo ha sido sistemáticamente transformado en una policía no civilista, como estipula la Constitución, sino en una policía militar. Es por el retorno a la civilidad en las fuerzas represivas en donde debe comenzar la renovación de nuestros valores cívicos y democráticos.
Los ciudadanos deben exigir, no solo el castigo de los aprendices de gorila con uniforme, sino también el control de los cursos e instructores de los adiestramientos a que se someten los cuerpos policiacos.
Pero esto no basta. Es necesario retornar a las fuentes civilistas del quehacer político. Paro ello se debe aprovechar la campaña electoral.
Es fundamental exigirles a los partidos que no vean las campañas como marketing electoral, sino como un amplio y libre debate en torno a nuestro futuro como nación.
La campaña debe convertirse en una escuela de civismo y no de cinismo de candidatos que proponen programas de gobierno que luego arrojan a la basura.
El desgano ciudadano que se refleja en el desprecio a los partidos y el creciente abstencionismo, tienen allí sus raíces.
Las campañas no deben girar en torno a banderas o apellidos, sino convertirse en un gran foro democrático para debatir sobre los problemas que aquejan al país, sentar responsabilidades y exigir compromisos, en vistas a escoger a los ciudadanos que deben cumplir la misión histórica de rescatar nuestra maltrecha democracia y hacerla digna de nuestros antepasados y de nuestros nietos.
El futuro de la Patria se construye ya.

Arnoldo Mora