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Debemos empezar desde el colegio a educar a nuestros estudiantes para la posterior utilización, por parte de ellos, de documentos financieros, los cuales poco a poco se van digitalizando, lo que exige también un conocimiento para procurar no ser atacados por delincuentes cibernéticos


¿Qué educación económica tenemos?


¿Qué preparación económica tenemos la mayoría de los costarricenses? ¿Sabemos en qué consistiría para nuestros niños y adolescentes una buena y adecuada educación económica? ¿Debe ser esta la misma para los estudiantes de cualquier país o economía del mundo?
Son preguntas que deberían tener una clara respuesta y, de acuerdo a ella, una inserción de esta materia en los programas educativos.
La ciudad de Shanghái, centro económico de China, con una población que rebasa los 23 millones de personas, cuenta con los estudiantes de 15 años mejor preparados en educación económica de 18 países analizados en este sentido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de acuerdo con una información de la agencia EFE.
En Costa Rica no conocemos el nivel de educación económica no solo de nuestros niños y adolescentes sino tampoco de los adultos.
Para mencionar solo un ejemplo, cuando aparecieron las tarjetas de crédito, ya hace mucho tiempo, la población pasó a tener una forma fácil y muy cómoda de obtener crédito, es decir, de endeudarse.
No obstante, no hubo una preparación para comprender cuándo ese crédito podía ser bueno y cuándo se podía convertir en una amenaza de quiebra para la economía personal o familiar.
Tampoco sabemos en qué forma esto afectó el hábito del ahorro, aun cuando le haya servido a la gente en muchas ocasiones para atender necesidades perentorias.
Hoy el Ministerio de Economía, Industria y Comercio realizará una serie de encuestas en las provincias de San José, Alajuela, Heredia y Cartago, para un estudio que permita conocer el comportamiento de los consumidores ticos ante el uso de tarjetas de crédito.
De acuerdo con los datos que se recojan, se buscará establecer una estrategia que sirva de protección a los consumidores de tarjetas de crédito.
Esto, desde luego, no significará que dejen de ser utilizadas, sino que las personas tengan conciencia clara de cómo, cuándo y para qué usarlas y en qué forma cumplir con el compromiso adquirido a fin de que no se convierta en un problema por acumulación de intereses y mora.
Por otra parte, debemos empezar desde el colegio a educar a nuestros estudiantes para la posterior utilización, por parte de ellos, de documentos financieros, los cuales poco a poco se van digitalizando, lo que exige también un conocimiento para procurar no ser atacados por delincuentes cibernéticos.
Una tarea para la cual, indudablemente, deberá existir una cooperación interinstitucional para abordar el tema de forma integral.



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