Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 3 Junio, 2014

El no hacer nada es símbolo de complicidad y el elegir un Gobierno diferente no es suficiente


¿Por qué pretende no saber?

Hoy quiero volver a tocar este tema, porque no estoy clara de cuál es el rumbo que lleva nuestro país y al igual que los creadores del documental “El tico promedio” (Cristian Bonilla y Juanma Fernández), me preocupa lo que estamos viviendo y el rumbo que estamos tomando.
La pregunta clave es si conocemos dónde estamos y hacia dónde vamos como Estado y como país. Qué estamos haciendo para lograr ese camino. Todos tenemos un papel importante, no solo el Gobierno.
Recordemos por un momento:
“El Estado es la forma en la que se organiza la sociedad para poder funcionar mejor. Es la unión de nuestra población, las instituciones públicas que nos organizan.
La Constitución establece dentro de los fines esenciales del Estado servir a la comunidad, promover la prosperidad, garantizar los derechos y deberes de los ciudadanos, facilitar la participación del pueblo en los asuntos de la nación, defender la independencia y la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica así como un orden justo, entre otros.
Para que el Estado pueda alcanzar estos fines y logre cumplir con las funciones que le corresponden se han creado tres ramas del poder público: la legislativa, la ejecutiva y la judicial. Estas ramas están integradas por diversos órganos con funciones diferentes, pero que siempre deben coordinarse y colaborarse para poder trabajar mejor y lograr dichos fines”.
¿Usted cree que esto se está cumpliendo? ¿O estamos en una lucha continua de poder y de quién tiene la razón?
¡Perder el rumbo es algo común en algún momento de la vida del ser humano! Suele pasar en el trabajo, con los amigos, con los proyectos y hasta en los países.
El resultado es que, al final, terminamos cediendo a las presiones sociales y haciendo cosas que no nos llenan, sin darnos cuenta cómo y teniendo nefastos resultados.
Las experiencias como Venezuela y Ucrania deberían ayudar a enfocar nuestros esfuerzos para gestar un verdadero cambio.
Si no sabemos el rumbo, ¿cuáles son las políticas de Estado que queremos fomentar? ¿Cuál debe ser la política de desarrollo e inversiones? Una vez definido esto, así serán las políticas económicas. ¡No al revés!
¡Pareciera que cambiamos un S.A.P.O. por otro peor! (Del Sistema de Administración por Objetivos al Sistema de Administración por Ocurrencias).
Sin un rumbo claro cómo lograr:
• “Seguridad jurídica”
•  Competitividad comparada con quién o qué y para qué sectores, qué hacer y cómo.
• En cualquier modelo de desarrollo que empleemos, es necesario aumentar la inversión privada para lograr el crecimiento deseado y generar empleo digno y desarrollo social.
• La promoción de inversiones no puede verse aislada del marco de políticas nacionales de desarrollo de largo plazo
• Qué están haciendo otros países que han logrado el éxito…
Ya todo esto lo sabemos… ¿Por qué pretendemos no saberlo?
El no hacer nada es símbolo de complicidad y el elegir un Gobierno diferente no es suficiente.


Mónica Araya