Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 4 Enero, 2016

 Abandonamos nuestros sueños y condenamos a los más jóvenes a continuar con este legado de desesperanza, escepticismo y egoísmo

“No te arrugués y soñá”

El joven estudiante de historia de la Universidad de La Habana, Leonardo Fernández, le decía al Papa “… le queremos pedir algo especial, que renueve en nosotros la esperanza de que se puede crecer, estudiar, trabajar, caminar, soñar y ser feliz en esta complicada realidad que nos tocó vivir… Ayúdenos Santo Padre —clamaba Leonardo— a ser jóvenes que sepamos acoger a quienes piensan diferente, que no nos cerremos en los conventillos, las religiones, las ideologías”.
Francisco sentado, dejando de lado su discurso oficial, se inclinó sobre su cuerpo, empezó a conversar con las y los muchachos cubanos “…Un joven que no es capaz de soñar está clausurado en sí mismo… abrite a cosas grandes. No sé si en Cuba se usa esa palabra que los argentinos decimos, “No te arrugués, no te arrugués y soñá”.
Ciertamente la respuesta inmediata era para los jóvenes reunidos en la Plaza de la Revolución. Ahí estaba este Papa que ha revolucionado la iglesia, no solo con el decir, sino con el hacer; la lista de los cambios que ha provocado es extensa, hablándoles a los jóvenes de Cuba, del continente. Su invitación a soñar es la respuesta a esa esperanza que Leonardo le pedía renovar.
“…En la objetividad de la vida —dijo Francisco— tiene que entrar la capacidad de soñar. A veces uno sueña cosas que nunca van a ocurrir, no importa soñá… soñá, abrite, soñá que el mundo con vos puede ser distinto. Si vos ponés lo mejor de vos, vas a ayudar a que ese mundo sea distinto. No se olviden, sueñen, por ahí se les va la mano y sueñan demasiado, y la vida les corta el camino, no importa sueñen. Sueñen y cuenten sus sueños, hablen de las cosas grandes que desean”.
La invitación era para esos muchachos, pero podría ser para nosotros, que hace mucho dejamos la juventud. ¡También queríamos cambiar el mundo! También soñábamos con un modelo de Estado donde no hubiese pobres, donde todos pudiesen estudiar, tener servicios básicos. Vivienda digna, que hubiese trabajo de calidad, salarios justos, que la gente de nuestras zonas rurales no migrara a la ciudad para terminar más pobres aún, más excluidos aún.
¿Qué pasó con nosotras, con nosotros? ¿Dónde nos perdimos? Dejamos de soñar.
Pervertimos la realidad. Les estamos dejando a los más jóvenes, esa misma cultura del “descarte” que nos habla en Laudato Si, el papa Francisco. Abandonamos nuestros sueños y condenamos a los más jóvenes a continuar con este legado de desesperanza, escepticismo y egoísmo.
Leonardo también clama por que aceptemos la opinión, las creencias de los otros, de los demás. Maravillosa lección de ese muchacho, que ha crecido en la “complicada realidad que le tocó vivir”.
¿Por qué no alentar a los más jóvenes de nuestra sociedad, como lo hizo Francisco, a que sueñen, a que se abran, a que no se “arruguen”, a que, a pesar de la realidad que viven cada día, se atrevan a soñar y contar sus sueños? Heredémosles al menos el derecho a soñar, ¡a soñar en grande! ¿Qué importa “si sueñan demasiado”! ¡Que sueñen!, desea Francisco.

Iris Zamora