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COLUMNISTAS


¡¡No al aleteo!!

Macarena Barahona [email protected] | Sábado 27 abril, 2013


Consumidores locales, consumidores orientales de aletas, huevos de tortuga, carne de tortuga. ¿Cuál es el castigo?


Cantera

¡¡No al aleteo!!

Hace casi un mes leímos en la prensa nacional de la inclusión del tiburón martillo en el apéndice II de la Convención Sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (Cites), realizada en Tailandia entre los días 4 y 14 de marzo.
Costa Rica, Honduras y Brasil propusieron incluir el tiburón martillo para detener su cruenta cacería, que ha sido denunciada internacionalmente por múltiples organizaciones, nacionales e internacionales.
Y pudimos entender que precisamente son las autoridades pesqueras a nivel centroamericano que son reacias a implementar las medidas pertinentes (defensoras del interés de flotas extranjeras sobre el interés público).
El pescador artesanal se debe beneficiar con su educación y capacitación ambiental, que riñe siempre con la codicia del mercado oriental, donde las aletas y su ilegal comercio en nuestras aguas y territorios —como el narcotráfico ilegal de drogas blandas y duras— reúne siempre a las personas que sin principios ni ética juegan con la vida y la desaparición de especies nuestras por el vano afán de un enriquecimiento sangriento.
Todos hemos leído en los últimos días, sobre la caza a indefensas tortugas baulas en vías de extinción, en nuestras costas, sus huevos siguen siendo afán de míticos platos afrodisiacos, como las aletas de tiburón que hace dos días incautaron nuestras autoridades a pescadores en Quepos, casi sesenta aletas de tiburón dirigidas al comercio asiático. ¿Sabrán estos pescadores, como los asaltantes furtivos de tortugas inmensas en su hora de desove, con la impiedad de sacrificar tortugas milenarias, hermosas especies, como el sacrificio de los hermosos tiburones el daño que hacen? ¿Es prohibido o no es prohibido?
Consumidores locales, consumidores orientales de aletas, huevos de tortuga, carne de tortuga. ¿Cuál es el castigo?
Si sucede casi a diario en el hipócrita remanso de una conciencia superficial de autoridades pesqueras, en el deshonesto comercio de aletas. Vaya usted señor o señora lectora a un tradicional restaurante oriental —como yo— y pida la sopita de aleta de tiburón ¡Hay!
Vaya usted por los restaurantes y comercios de playas cercanas al desove de tortugas, pida huevos, pida carne y ¡hay!
Esta lucha es dirigida por organizaciones como PRETOMA y su presidente Randall Arauz, que luchan infatigablemente por más esperanza para la vida de nuestros mares y por la esperanza de una ética ciudadana que haga de nuestro país verdadero protector de nuestra maravillosa naturaleza.
¡Me uno a No al aleteo y su comercio!

Macarena Barahona


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