Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 30 Junio, 2014

¿Basta con esas alianzas y foros políticos para América Latina y el Caribe? No lo creo


Ni nos oyen ni les hablamos

Durante el siglo XX nuestro continente americano fue muy exitoso en sus relaciones hemisféricas. Claro que el tránsito de esa centuria vio muchas invasiones de marines de Estados Unidos, muchos gobiernos dictatoriales, crueles violaciones de derechos humanos y una recurrente ineficiencia en las relaciones económicas.
Pero a la vez en esos años se mezcló una maravillosa creación de derecho internacional público y privado, se construyó nuestro sistema interamericano de protección a los derechos humanos, la democracia se constituyó en un derecho de las personas y los mapas de nuestra América Latina al principio y final del siglo son casi idénticos con la excepción de la muy positiva descolonización. Mientras, en Europa, el rediseño de sus naciones se dio múltiples veces por las guerras de ese periodo.
Un instrumento de innegable importancia para este resultado ha sido la OEA y su antecesora la Unión Panamericana. Pero en los últimos años la fortaleza de este sistema se ha debilitado.
Los dos países grandes de América Latina ya no necesitan a la OEA para establecer sus políticas con y ante los Estados Unidos y Canadá. El Nafta vino a dar un papel muy diferenciado a México en sus relaciones con el vecino del Norte. El crecimiento de las grandes naciones emergentes y la debilidad financiera de los países más desarrollados ante la Gran Recesión, dio posteriormente a los BRIC y de esa manera a Brasil, un rol aún más importante al que tradicionalmente había ejercido frente a los EE.UU.
Pero este no es el caso de los países medianos y mucho menos el de los pequeños en nuestro hemisferio, aunque Colombia ha logrado una relación de cooperación muy especial por su problema con la guerrilla y las drogas ilícitas.
Brasil con su tamaño y su desarrollada diplomacia trata de convertirse en el centro de la organización de naciones suramericanas. Por razones ideológicas y con su riqueza energética, otras naciones promueven alianzas circunstanciales con países del Caribe, América Central y del Sur. Costa Rica preside ahora el SELA, la organización creada para América sin EE.UU. y sin Canadá.
¿Basta con esas alianzas y foros políticos para América Latina y el Caribe? No lo creo.
Defender los derechos humanos  en nuestro continente, promover y proteger la democracia, prever y evitar los problemas interamericanos de seguridad en su sentido más amplio que incluye la protección frente a desastres naturales  y el crimen internacional, y coordinar acciones para el desarrollo humano compartido de todos nuestros pueblos demanda, exige, una política hemisférica con la participación de los dos países con mayor desarrollo del continente: Estados unidos y Canadá.
Por eso no podemos dejar de prestar nuestro decidido apoyo a la OEA y es de especial importancia para nosotros impedir que la falta de interés en   Estados Unidos y en Canadá por oírnos, y de nuestras naciones en hablarles, hagan cada vez más irrelevantes para ellos y más irritantes para nosotros las relaciones hemisféricas.

Miguel Ángel Rodríguez