Enviar
Lunes 13 Mayo, 2013

La retención del impuesto de la renta del sueldo que uno recibe ha inmortalizado el principio de que los políticos tienen primera preferencia sobre el salario del trabajador


Mucho más que una palabra en un lema

El Estado usa tres medios para sufragar sus enormes gastos: los impuestos, la “deuda pública” y la inflación. Pero todos ellos son realmente impuestos, porque la deuda pública se pagará con impues¬tos futuros y la infla¬ción es un impues¬to oculto causado por el Estado.
Es falso que existan “evasores fiscales”. Quizás alguien pueda evitar los impues¬tos direc¬tos, pero es imposible evadir los impuestos indi¬rectos, que son el precio que nos obligan a pagar para que el Estado nos permita vivir.
No hay alimento o produc¬to alguno en cuyo precio no estén ocul¬tos estos impuestos. Y tenemos que pagarlos o vivir sin esos alimentos y productos. Pero como es imposible vivir sin ellos, uno paga.
Al Estado le encantan los impuestos indirectos porque es como robarle algo a quien está durmiendo. ¿No hay una confe¬sión de culpa en esto?
El peor impuesto es quizás el de la renta personal: por la intrusión en nuestra vida, la eliminación de nuestros derechos y la creación de fiscos de tipo Gestapo, como el IRS de Estados Unidos, para espiar y aterrorizar.
Cuando el fisco cobra sobre la base de la “renta”, tiene pretexto para espiar cual¬quier aspecto de nuestra vida, para demandar información y ser juez de nuestro comporta¬miento.
La “lógica” del impuesto sobre la renta es que el Estado es dueño de todo lo que uno gana, y está siendo “generoso” al permitir que uno se quede con algo del fruto de su trabajo. Y la retención del impuesto de la renta del sueldo que uno recibe ha inmortalizado el principio de que los políticos tienen primera preferencia sobre el salario del trabajador.
Cuando el robo se lleva a cabo legalmente, como hoy, en efecto se nos dice que tenemos solo dos opciones para sobrevi¬vir: ser un saqueador, un parásito que asalta a víctimas desarmadas, o ser una víctima que labora en beneficio de sus explotadores.
Pero algunas personas rechazamos esas dos opciones: ni parásito ni víctima. Rehusamos ser la cena de cual¬quier caníbal moderno.
No nos ponemos a disposición de políticos cuya única capacidad es repetir frases vacías que consiguen votos para imponer sus deseos usando la fuerza. Sin importar lo numerosa que sea su pandilla, rechazamos el “derecho” de cualquiera a un solo minuto de nuestra vida o a alguna parte del fruto de nuestro trabajo.
Sabemos que la libertad es mucho más que una palabra en un lema, y que somos como es¬clavos si para actuar o hablar tenemos que pedir permiso, aun si este se nos concede. Para que la libertad ascienda desde las cenizas donde está enterrada, la defendemos hablando alto y claro.
El derrumbe del Imperio soviético reveló que la podredumbre puede ocultarse por años, pero que las termitas continúan su labor. Esperamos demostrarles a los enemigos de la libertad que lo único necesario para derrumbar sus grandes estruc-turas, con toda su corrupción, despilfarro, leyes inmorales y armas, es desnudar la naturaleza exacta de lo que ellos están haciendo.

Raúl Costales Domínguez
Escritor