Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 28 Abril, 2014

Hoy, investigando para este artículo, aprendí que la célebre canción que aún puedo cantar de memoria, no era de autoría colombiana sino de un peruano


Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia


La primera vez que escuché la célebre cumbia “Los cien años de Macondo” iba a cumplir diez años. Vivía en Bogotá y el célebre LP “De peligro” editado por Discos Fuentes, que incluía este tema, era de escucha obligatoria en todo el territorio colombiano.
Los Hispanos y su cantante, Rodolfo Aicardi, se consolidaban con un canción que sintetizaba en tres minutos y medio las casi 500 páginas de una de las obras más importantes en lengua castellana, “Cien años de soledad”, del recientemente fallecido Gabriel García Márquez.
Como la música popular siempre ha marcado mi vida, yo bailaba y coreaba la famosa cumbia, sin conocer la novela, pero ansiosa de comprender las metáforas de la canción. Pasaron cinco años hasta que pude leer por primera vez el famoso libro del que tanto había escuchado hablar durante mi infancia. Sería, tal vez, la primera novela latinoamericana que cayó en mis manos y aluciné.
Hoy, investigando para este artículo, aprendí que la célebre canción que aún puedo cantar de memoria, no era de autoría colombiana sino de un peruano, que, solo dos años después de la primera publicación de “Cien años de soledad” por la editorial Sudamericana de Buenos Aires, compuso la cumbia que sintetiza el relato de un siglo.
Daniel Camino Diez Canseco hizo muchas cosas en su vida. Empezó como animador de televisión, fue productor de espectáculos teatrales, estudió actuación, incursionó en el periodismo y fue amigo de su compatriota, la famosa cantante Chabuca Granda y de la bellísima actriz mexicana María Félix.
Y entre tantos oficios, en 1969 compuso “Los cien años de Macondo”, canción con la que Johnny Arce, conocido luego como Míster Macondo, ganó el festival de la canción de Ancón de ese mismo año. Ese certamen era entonces más importante en Latinoamérica que el de Viña del Mar.
Dos años antes, en 1967, se reunieron en Lima Mario Vargas Llosa, entonces de 31 años y Gabriel García Márquez, de 40.
El peruano acababa de recibir el premio Rómulo Gallegos en Venezuela; el colombiano venía de Argentina tras presentar su mítica novela. Ambos sostuvieron un conversatorio en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería.
El auditorio quedó pequeño ante la gran cantidad de interesados en escuchar a dos de los más destacados representantes del “boom” latinoamericano. ¿Estaría entre los asistentes Daniel Camino Diez Canseco? ¿O la apasionante lectura de la novela fue la que lo inspiró a componer “Los cien años de Macondo? 
Macondo no existe. Su referente es Aracataca, un pueblo de 52 mil habitantes. Y aunque en 2004 un referéndum propuso el cambio de nombre del pueblo para reactivar su pobre economía, la elección no tuvo éxito.
El 25 de mayo los 56 electores de un pequeñísimo pueblo español decidirán si mantienen su nomenclatura actual o la modifican. El lugar, enclavado en el Camino de Santiago, se llama Castrillo Matajudíos.
Si modifican su xenófobo nombre, tal vez alguien componga una canción tan famosa como la de las mariposas amarillas.

Claudia Barrionuevo

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