Bruno Stagno

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Lunes 26 Agosto, 2013

Si se predica democracia, a veces hay que saber perder. En el caso de Egipto, todos perdieron, incluyendo a Occidente, que perdió sus valores


Los valores perdidos

No soy adepto a los Hermanos Musulmanes, y ciertamente no lloro el derrocamiento del presidente Mohammed Morsi en Egipto el pasado 3 de julio. Sin embargo, lamento que Occidente, en aras de defender lo indefendible, mayoritariamente se abstenga de calificar el derrocamiento como un golpe de estado.
Durante las últimas semanas, ante la suspensión de la Constitución, la ocupación de las principales ciudades, y la declaratoria de un estado de emergencia, Occidente ha estado buscando términos neutros o imprecisos para esconder la verdad.
Los varios eufemismos empleados por Occidente para describir lo acontecido el 3 de julio, así como las matanzas y redadas posteriores, sacan a relucir cuan vacuos son los principios de democracia enarbolados por Occidente.
El ultimátum de 48 horas que las fuerzas armadas le impusieron a Morsi para alcanzar un imposible consenso nacional con la oposición antes de derrocarlo no legitima en nada el golpe de estado.
En el poder sin interrupción desde el 23 de julio 1952, los militares estaban impacientes por retomar el control tras apenas 12 meses de gobierno democrático. Y sobre todo, después de 12 meses de gobierno de los Hermanos Musulmanes, grupo anteriormente proscrito y perseguido por las fuerzas armadas.
Lo penoso del asunto es que ahora los Hermanos Musulmanes son mártires y que Morsi fue derrocado antes de comprobarse su completa ineptitud para gobernar. Los 12 meses que estuvo al frente del gobierno no fueron suficientes para achacarle, en exclusiva, la polarización política, depresión económica, y descomposición social que vive Egipto. Muchos de los problemas vienen arrastrándose desde hace décadas, producto entre otros del monopolio político y económico al cual se aferran las fuerzas armadas.
Para colmo, Morsi sigue ilegalmente detenido por las fuerzas armadas en un recinto secreto, a pesar de que no es culpable de muerte alguna contrariamente a otros.
Mientras tanto, el General (retirado) Hosni Mubarak, quien gobernó por casi tres décadas antes de verse forzado a renunciar el 11 de febrero 2012, ha sido beneficiado con mero arresto domiciliario a pesar de las muertes que penden sobre su conciencia.
Quienes orquestaron y apoyaron el golpe de estado calcularon mal. Mejor esperar a que el mismo electorado que optó por los Hermanos Musulmanes abandone sus filas a raíz de promesas incumplidas y problemas sin respuestas. Resulta difícil pensar que un gobierno inexperto hubiera tenido éxito respondiendo a las altas expectativas generadas por la mal llamada primavera árabe.
Con su impaciencia, quienes orquestaron el golpe han prolongado la angustia y violencia de la transformación en curso, además de darles la razón a aquellos que dicen que las armas son la única salida.
Si se predica democracia, a veces hay que saber perder. En el caso de Egipto, todos perdieron, incluyendo a Occidente, que perdió sus valores.

Bruno Stagno Ugarte