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La prevención de enfermedades puede ser un mejor negocio que únicamente dedicarse a curarlas

Los beneficios de la prevención

Por falta de ponerlo en práctica hemos llegado al punto de no pensar en ello. Sin embargo, el papel que podría jugar una institución como la Caja, con su sistema de cobertura universal y solidaria en salud, si la pusiéramos a la cabeza de un plan nacional de prevención de enfermedades, podría generar incalculables beneficios económicos al país, mucho bienestar y excelente clima productivo.
No solo en Costa Rica sino en muchos lugares del mundo donde no se invierte en adecuada prevención de enfermedades, muchos males crónicos, de esos que van minando poco a poco la buena salud y por ende la capacidad productiva de la gente, se vuelven una fuerte carga negativa para sus economías.
Los problemas como la obesidad, la vida sedentaria, los malos hábitos alimenticios, causantes de diabetes, hipertensión y enfermedades coronarias, entre otras, se originan en estilos de vida inconvenientes que van tomando fuerza en la cultura por falta de contrapesos que los equilibren. Es decir, por falta de una educación para conservar la salud y con ella la buena energía, la creatividad y un sinnúmero de condiciones positivas para la productividad y para una vida feliz.
Significan, estos males crónicos, al mismo tiempo que enormes gastos en tratamiento de enfermedades, un aumento de incapacidades, ausencias laborales, baja creatividad (nadie que se siente poco saludable suele ser muy creativo ni altamente productivo) y un peligroso cuesta abajo para cualquier nación.
La falta de políticas públicas adecuadas ha llevado a Costa Rica a sumarse a los países en que estas enfermedades, mal llamadas de la vida moderna, están haciendo estragos.
Y son “mal llamadas” porque la vida moderna no tendría por qué haber llevado a tantos millones de personas a un deterioro de su salud en tiempos en que se dispone de tantos adelantos en todas las áreas de la ciencia y la tecnología.
Mucho menos en un país como el nuestro, que cuenta con un sistema de salud universal y con educación básica para todos. Dos factores que, juntos, y obedeciendo a un programa de prevención en salud podrían producir una población muy sana, con el consiguiente beneficio para todos: familias, empresas y economía.
No deberíamos desperdiciar la gran posibilidad que Costa Rica tiene de llevar adelante un plan como el enunciado.
Ello solo requiere la voluntad política para sanear el sistema financiero de la Caja y la administración de sus centros de salud, y ponerlos al servicio de la prevención, no solo del tratamiento de enfermedades, en conjunto con el sistema educativo.
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