Enviar
Miércoles 13 Agosto, 2014

Un candidato que cosechó más de un millón de votos gracias a una prematura renuncia, y a un diestro empujón


Los asesores del Presidente

Según los últimos casos, en materia de despilfarros, el PAC le pagó a un exasesor una excesiva cantidad de dinero como premio por haber logrado alcanzar la silla presidencial.
Desconocíamos la existencia de personas capaces de lograr acuerdos mayúsculos con otros grupos políticos para nombrar gobernantes sin tener que faenar.
El tema resulta apasionante si observamos los excepcionales hechos que marcaron la última campaña electoral. Los mismos fundadores de Acción Ciudadana aceptaron que, el gane del actual Presidente se relaciona —entre otras cosas— con las “particulares circunstancias” que rodearon la votación.
Ciertamente, como por arte de magia un candidato prácticamente desconocido, y sin planes concretos para gobernar, saltó de un cuarto puesto a un segundo lugar. El extraordinario avance se dio luego de que, integrantes de otro partido desconocieran los resultados de una votación favorable a un candidato que no satisfacía los intereses de agentes encubiertos al servicio de otra majestad.
Curiosamente, el mismo día en que el aspirante ganador optara por renunciar y alejarse de sus adversarios internos, una distinguida directora de un programa radial informó que, el hoy presidente de la República le había comentado que el agobiado contendor no aguantaría la presión a que estaba sometido.
No se trata de suposiciones hechas sin contar con bases sólidas. Este simple comentario periodístico demuestra que los asesores de don Luis Guillermo estaban bien enterados de los problemas internos que sacudían a la otra agrupación. Agreguémosle al tema el coqueteo, y la cascada de frases bonitas intercambiadas en los aburridos debates por el actual presidente, y el candidato relevista del partido en cuestión.
Por primera vez en nuestra historia, un aspirante presidencial se quedó sin adversarios contra quienes luchar. De los dos contrincantes que existían con probabilidades de triunfar, uno sufrió las consecuencias de un certero golpe que lo desestabilizó. Y el otro, simplemente decidió abandonar la contienda para dedicarse a la siembra y exportación de naranjas a lugares exóticos de difícil ubicación. Así de paradójico e insólito resultó el gane del PAC.
Es por las razones expuestas que, consideramos inmerecido, el premio millonario obtenido por el notable exasesor presidencial. Es injusto que este señor obtenga todo el mérito de un triunfo que cuenta con la participación innegable y determinante de otros sectores del mundillo político nacional.
Nadie gana unas elecciones trotando por diferentes lugares, alzando los brazos y lanzando al aire promesas que, de no existir pronto cambios visibles y sustantivos, se convertirían en insustanciales manifestaciones acuñadas únicamente para utilizarlas en spots publicitarios de baja calidad.
Esta es la resumida y kafkiana historia de un partido dividido que obtuvo solo 13 congresistas apoyados en un candidato que cosechó más de un millón de votos gracias a una prematura renuncia, y a un diestro empujón.

Jorge Castro Guardia