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No se ve voluntad política para sacar del ámbito de los “estudios” y “preparaciones” proyectos que podrían llevar esperanza a la provincia de Limón

Limón: respuesta al abandono

El brote de violencia la semana pasada en Limón es uno más de los múltiples síntomas de la grave enfermedad que padece la provincia a causa del incumplimiento de los gobiernos en su obligación de invertir en ella, como se hace en el resto del país, para su desarrollo.
Esa provincia ha esperado siempre que algún gobernante demuestre inteligencia y visión diseñando la forma de provocar el adelanto en una región que, además, alberga el puerto que maneja alrededor del 80% del intercambio comercial de la nación.
El proyecto Limón Ciudad Puerto se ha quedado en el discurso.
Hoy el problema de Limón ha vuelto a estallar ante el plan de la nueva terminal de contenedores de APM, única solución que las últimas administraciones encontraron para el problema que le ocasiona al país que el puerto de Moín ocupe la posición 137 de 142 naciones, según el Foro Económico Mundial.
Dicha solución, aunque “tiene sus bemoles”, como lo señala una nota de este medio hoy, ha sido la única salida al problema ya que, por otro lado, ningún otro inversionista quiso arriesgar los casi $1.000 millones que se requieren.
Sin embargo, en cuanto al desarrollo integral de la provincia, no se ve aún la voluntad política para sacar del ámbito de los “estudios” y “preparaciones” los proyectos que podrían llevar esperanza a su gente. Y esto trae consecuencias.
Algunas familias tienen cierta “solución” salarial por contar con un trabajador en Japdeva que se beneficia con alguna convención colectiva firmada por jerarcas de la institución, pero la necesidad de actuar para propiciar salidas a la pobreza y el retraso de la provincia ha seguido sin inmutar a los gobiernos.
Las convenciones colectivas han significado que los salarios se duplicaran en cinco años, pero el resto de limonenses ha seguido en el abandono.
Ahora la coyuntura es un importante déficit fiscal dejado al país por el Plan Escudo del gobierno anterior que aumentó en gran medida el empleo público sin que ello se viera reflejado en una mejora de los servicios en general. Más bien fue algo que se sumó a problemas de mala administración y despilfarro.
Se suponía que se invertirían unos $80 millones de fondos estatales en obras en Limón, incluidos un alcantarillado sanitario y los diques de contención en ríos para prevenir inundaciones, así como proyectos turísticos como un museo y anfiteatro en el patio del ferrocarril, entre otros. Pero esto ha quedado reducido a unas canchas de fútbol.
Las consecuencias las vemos en los disturbios que provocan grupos muy desconformes y desesperados que aprovechan la huelga del sindicato de Japdeva para poner en evidencia su grave situación de abandono.

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