Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 4 Abril, 2012


Hablando Claro
Las vacaciones


Al contrario de lo que muchos aún creen, las vacaciones no son para “no hacer nada”. No se trata de holgazanear sin sentido ni propósito. Aunque ciertamente cada quien es dueño de su tiempo libre, el sentido de vacacionar y desconectarnos, debería permitirnos cambiar las rutinas habituales por actividades gratificantes que nos generen de ser posible interacciones distintas con experiencias novedosas o por lo menos inhabituales. En fin, una recarga de baterías que nos renueven en cuerpo, mente y alma.
Lamentablemente el bienestar que producen nuestros cortos pero muy apreciados periodos de descanso laboral como la Semana Santa, suele durar muy poco. Al menos así lo confirma una investigación de la Universidad de Radboud (Holanda) que después de seguir a 96 empleados holandeses por siete semanas tras las vacaciones, concluyó que la mayoría de los beneficios que obtuvieron en el descanso comenzó a desaparecer durante la primera semana en la oficina (www.bbc.co.uk).

El estudio de la psicóloga Jessica de Bloom señala que tal vez un factor que haga tan efímera la renovación alcanzada en las vacaciones sea la carga de trabajo acumulada que encontramos al retornar.
La buena noticia es que también hay otros estudios que nos dan luz acerca de cómo hacer para prolongar el bienestar del descanso. Por ejemplo, uno de la Universidad de Toronto (Redelmeier y Kahneman) señala la efectividad de lo que denominan la aplicación de la regla del pico extremo (peak-end). Se trata de tener una experiencia intensa o simplemente distinta poco antes de terminar las vacaciones de manera que obtengamos recuerdos más positivos y duraderos cuando se retorne a la actividad habitual.
Confieso que puedo desconectarme fácilmente de la cotidianeidad para zambullirme en el mundo vacacional.
Pero heme aquí, apenas llegando a mi destino escogido este año sin poder desenchufarme del estupor noticioso, negándome además a creer que la montaña rusa del escándalo de los Herrero Rodríguez sea el “peak-end” que se nos reservó a los ticos para esta Semana Mayor. Por eso estoy en el navegador buscando algún bendito estudio que me dé el consejo preciso para poder desconectarme de la aplastante realidad del zafarrancho gubernamental que hace naufragar una gestión que tropieza un día sí y otro también mientras nuestra Señora Presidenta se ufana en hablar en las Naciones Unidas de un tema sobre el que nadie está prestando atención, más que por el formalismo que la diplomacia impone.
No sé si existe tal cosa como una pomada canaria para el disfrute y el olvido que me mejore el sentido de culpa que me atormenta por no estar metida de lleno en el ajo noticioso que nos está conmocionando ética y moralmente en nuestras más sensibles y maltratadas fibras democráticas. No porque no seamos todos de una u otra forma pecadores. Sino porque el asestamiento de golpes y flagelaciones es de tal calibre que es imposible sustraerse a la necesaria penitencia y expiación de culpas. Por lo menos es un hecho que algunos pocos estarán pasando las de los dos ladrones que acompañaron al Crucificado. ¿Y el sanedrín? Bien gracias.

Vilma Ibarra