Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 23 Febrero, 2012


Vericuetos
La vida en Costa Rica (2)

Junto con “El Costarricense”, de Constantino Láscaris, probablemente “La vida en Costa Rica” es lo más representativo de la obra de escritores extranjeros sobre las características de nuestra nacionalidad, que se haya escrito en los años 70 del siglo pasado.
Como una reseña de las experiencias vividas en las sociedades herediana y josefina en la primera mitad de los años 40, John y Mavis Biesanz, un matrimonio de sociólogos de la Universidad de Iowa, este libro, que fue publicado en 1975 por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, inicia su recorrido por los rasgos más notorios de la personalidad social de los costarricenses de la época, recogiendo descripción folclórica del terruño que hace Graciliano Chaverri : “…feliz y generosa tierra de una raza viril e industriosa… que sobresale en el mapa del mundo como un bello jardín”.
La identidad de los ticos aferrados al “trabajo duro y el progreso”, y su concepción de la familia, las relaciones de pareja, los estamentos sociales y la vida cotidiana (“…hay ricos y pobres, pero los ricos no son tan ricos… ni los pobres son tan pobres… nadie se siente inferior a nadie”), la educación, el trabajo, la religión y nuestra rabiosa defensa de la democracia forman parte de este magnífico recorrido sobre una nación de seiscientos mil habitantes, pueblerinos, trabajadores y solidarios (“…cuando un vecino se enferma, todos corren a ayudarlo”).
Quizás lo más característico de la lectura de esta importante obra sea realizar cómo los ticos, en esencia, seguimos siendo prácticamente los mismos 70 años después, movidos, para bien o para mal, por los mismos afanes y preocupados por las mismas cosas: “…pareciera que no hay otra preocupación que la de resolver el problema de la sucesión presidencial, que no debe ser enfrentado mañana, ni pasado mañana, ni dentro de un año, sino dentro de dos años…nosotros los ticos…no nos preocupamos por los problemas sociales o económicos, la vida en el futuro, el trabajo, la producción, ni siquiera de cómo vamos a vestirnos y comer el día de mañana. Preferimos jugar a la política, entretenidos como si todo en nuestro derredor fuera dulzura y luz y tuviéramos perfectamente asegurado un feliz y próspero mañana” (Ricardo Jiménez citado por Biesanz).
Alberto Cañas, prologuista de la edición en español del libro, reclama que los ticos hemos cometido una injusticia con los Biesanz al no habernos ocupado de traducir y publicar su obra en nuestra lengua. Yo agregaría que, aparte del loable esfuerzo del Ministerio, hemos sido también ingratos, pero sobre todo, ingenuos al no divulgarla masivamente para que nuestros jóvenes de hoy puedan apreciar el origen de nuestras características como nación.
Probablemente resulte difícil en estos días encontrar en las librerías algún ejemplar de este libro, sobre todo porque su publicación no tuvo carácter comercial. Quizás queden algunos ejemplares perdidos en las bodegas del Ministerio o en los anaqueles de alguna biblioteca donde usted se pueda refugiar una tarde de estas a deleitarse con este sabroso retrato de su país.

Tomás Nassar