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La dialéctica de una comparecencia perdida

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 27 agosto, 2014


Señor Presidente, le sugiero que cambie el Melico por una cadena nacional de radio y televisión, por el tiempo que dure el informe


Pizarrón

La dialéctica de una comparecencia perdida


El informe sobre los 100 días que pensó y propuso el Presidente dar ante la Asamblea Legislativa, el pasado 21 de agosto, lo canceló… al fin y al cabo no era obligatorio. Dispuso no darlo allí, y convocó a algunos seleccionados grupos de amigos para presentárselo a ellos en el Teatro Melico Salazar mañana, 28 de agosto, en representación, seguramente, de sectores sociales más amplios, que los que se reúnen, de carácter político, de lunes a jueves por las tardes en el Plenario Legislativo, y en las mañanas de esos días en pequeños grupos.
Hay que entender, y eso es válido, que el Informe que presentaría en la Asamblea Legislativa solo permitiría preguntas sobre el contenido de la disertación y de la disección que haría, supongamos, solo del gobierno anterior, de lo que este le heredó. No se valían ni se admitirían preguntas fuera de contexto.
Desde esta perspectiva quien diserta lleva la ventaja en cuanto el dominio del tema que se supone tiene y desea exponer, de los números y la estadística que maneja, y de las sorpresas que puede sacar para obligar a concentrar la atención en lo que desea enfatizar… o denunciar, ojalá de manera demoledora.
Así, quienes oyen quedan maniatados a las reglas que impone discursivamente el orador. Cualquier pregunta o tema que se quisiera tratar al margen de esta ruta, el orador puede decir que no es tema que está abordando, que su respuesta se queda para otra ocasión u otro encuentro que podría hacerse, y no tendría obligación de contestar, y no quedaría mal por ello. Nadie está obligado a lo imposible. Y obliga a los interrogadores a preguntar sobre lo que el orador quiere que le interroguen para lucirse más y sobre lo que domina para la ocasión del discurso, sin evasiones de ningún tipo.
La emoción, el suspenso y el interés de la presentación en el Plenario Legislativo, que es también de manera reglada, con disposiciones claras para el debate, y las preguntas, de ceñirse al fondo de lo tratado en el discurso, desapareció totalmente.
Como está anunciada la presentación en el Melico carece de toda espectacularidad. La escogencia y selección de los grupos que asistirán nunca satisfará a todos los no escogidos. Más da la sensación de una reunión de amigos o cercanos, quizás con preguntas ya conocidas, para lucirse en las respuestas ya elaboradas.
Estratégicamente la disertación en el Melico es evasiva, es huidiza, es como reconocer que se metió la pata proponiendo ese informe, que no estaba preparado para el 21, y que ojalá pase casi inadvertido porque no quedó más que presentarlo después de anunciarlo.
Presentación del informe el jueves 28 en la noche, al cierre de edición de los periódicos, sin posibilidad de hacer análisis de profundidad para el día siguiente… telenoticieros casi a medianoche. Viernes, la Asamblea Legislativa no trabaja. Sábado y domingo de descanso legislativo y nacional. Lunes, han bajado las aguas lo suficiente para el ánimo nacional y el control político parlamentario es de poca monta en ese momento, como un canto a la luna.
Señor Presidente, le sugiero que cambie el Melico por una cadena nacional de radio y televisión, por el tiempo que dure el informe. Tiene más repercusión y discusión que se necesita. Así les habla a su millón trescientos mil, su músculo político, y a algunos más.

Vladimir de la Cruz


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