Bruno Stagno

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Lunes 4 Noviembre, 2013

Si las causas contra Kenyatta y Ruto llegaron hasta la CPI, es porque en Kenia no hay justicia, y Kenyatta y Ruto hicieron una alianza electoral de conveniencia para vivir en la impunidad


Impunidad para unos, impunidad para todos

El pasado 12 de octubre, los mandatarios de la Unión Africana (UA), en una reunión cumbre extraordinaria en Addis Ababa, adoptaron una decisión [Ext/Assembly/AU/Dec.1(Oct.2013)] que cubre de vergüenza a todo el continente.
Entre abrazos y aplausos, los 53 países integrantes decidieron que “para salvaguardar el orden constitucional y la estabilidad e integridad de los Estados Miembros, ninguna acusación podrá ser iniciada o continuada ante ninguna corte o tribunal internacional contra ningún Jefe de Estado o de Gobierno, o cualquier otra persona autorizada a actuar en tal capacidad, durante la duración de su mandato.”
Esta impunidad auto-recetada, además de ser violatoria de las obligaciones aceptadas por los países que han ratificado el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI), revela cuán divorciados están los mandatarios de los anhelos de justicia de las víctimas de los conflictos actuales y latentes que han desangrado al continente.
Este burdo ejercicio para auto-concederse inmunidad a toda costa, afortunadamente no tiene ningún efecto jurídico sobre las cortes o tribunales internacionales, aunque ciertamente puede dificultar la cooperación con las mismas y, en el caso de la CPI, la pretendida universalización de su jurisdicción.

La respuesta de los mandatarios, motivada principalmente por las causas que enfrentan ante la CPI Uhuru Kenyatta y Samuel Ruto, Presidente y Vicepresidente de Kenia respectivamente, por fomentar la violencia inter-étnica tras las elecciones generales de 2007, ha buscado cobijar a todos. Más de uno quiere evitar terminar como Charles Taylor, el otrora Presidente de Liberia que jugó un papel central en la cruenta guerra civil de Sierra Leona, quien pasará el resto de sus días en una celda en el Reino Unido tras su condena a 50 años de prisión el pasado 30 de mayo. Más de uno quiere evitar terminar como el Presidente Omar Al-Bashir del Sudán, quien teme todo viaje al extranjero gracias a la orden de arresto de la CPI que pesa sobre su cabeza por los crímenes perpetrados en Darfur.
Según la UA, ahora resulta que la intromisión jurídica de la CPI constituye una potencial amenaza a la estabilidad e integridad de los países del África así como a la reconciliación de sus sociedades.
Mientras tanto, la UA hace la vista gorda de los fraudes electorales, conflictos armados, o robos de fondos públicos que han llevado tanta miseria, ahora y antes, al África.
Si las causas contra Kenyatta y Ruto llegaron hasta la CPI, es precisamente porque en Kenia no hay justicia, y Kenyatta y Ruto hicieron una alianza electoral de conveniencia para vivir en la impunidad. Así lo han consignado dos sabios del África, Kofi Annan y Desmond Tutu. Lástima que Léopold Sédar Senghor, Kwane Nkrumah, Seretse Khama o Nelson Mandela no pueden unirse a ellos, África los necesita.  

Bruno Stagno Ugarte