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Miércoles 27 Agosto, 2014

La dificultad de alcanzar mayorías absolutas en este parlamento, hace difícil que el Poder Ejecutivo pueda mover la agenda de  importantes proyectos de ley


Hacia la democracia directa

Para no ir muy atrás y limitándose a los últimos cuatro gobiernos, observamos que en todos ellos los gobernantes no logran cumplir ni con un 40% de las promesas electorales de campaña y que ya no es suficiente con ganar las elecciones para realizar los cambios que este país requiere con urgencia, sino que el tema es mayor a la buena voluntad del Poder Ejecutivo.
¿Cuál es la causa que hace difícil la tarea de gobernar? La respuesta es simple y nace de una asamblea legislativa sumamente fragmentada en donde es difícil lograr consensos por la ausencia de la mayorías absolutas que exige el reglamento legislativo, el cual fue creado en un momento histórico en donde el legislador quería asegurarse de que no se tomaran decisiones-país en temas muy importantes y álgidos en el quehacer costarricense, pero que en la realidad actual se ha vuelto en el principal obstáculo con que cuenta el gobernante para modificar o emitir nueva y urgente legislación.


La dificultad de alcanzar mayorías absolutas en un parlamento empatado en actores, hace difícil que el Poder Ejecutivo pueda mover la agenda de importante proyectos de ley, aun cuando tengan el directorio del Poder Legislativo y sus principales comisiones, o cuando ellos manejan la agenda en las sesiones extraordinarias convocando los proyectos que a su buen juicio son los más urgentes para un país paralizado desde hace varias décadas.
Y lo peor es que cuando logran negociar y canjear votos con algunos de los actores políticos que les asegure la mayoría requerida, no están atomizados del riesgo de que cualquiera que no se haya incluido en esa negociación, por pequeño que sea, tiene la capacidad de secuestrar los proyectos llenándolos de mociones, retrasándolo o peor aún hasta enviarlo a archivar.
Se habla de que la solución podría pasar por migrar de una democracia representativa a un sistema parlamentario, o tal vez apoderando más a las comunidades para que ellos se conviertan no solo en beneficiarios de las soluciones si no gestores de las mismas.
Pero de aquí a que se realicen las reformas de fondo, lo único a lo que puede recurrir el gobernante es a crear mecanismos que faciliten el diálogo y el compromiso de todos los legisladores de pasar en forma prioritaria, extraordinaria y acelerada (ojalá en los primeros 100 días), los temas-país urgentes que él ha visualizado, con el compromiso real con los legisladores que una vez votada esa agenda de consenso les apoyarán con sus votos en los proyectos particulares de cada partido representado.
Quedando siempre la esperanza de rectificar, es una lástima que don Luis Guillermo Solís se haya dedicado en los primeros 100 días a buscar las causas por las cuales la finca está encharralada y que no haya logrado materializar un acuerdo-país en temas tan urgentes que nos aseguren salir del atascadero en que se encuentra postrada nuestra democracia representativa.
Costa Rica se lo merece y el pueblo lo requiere para seguir creyendo en la clase política costarricense.

Mynor Retana Cárdenas
Ingeniero
[email protected]