Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 25 Julio, 2014

No callemos ante los errores que debilitan nuestro estado de derecho. Por la libertad se lucha cada día


Sinceramente

¿Estado de derecho?

El estado de derecho en una democracia como la nuestra es el marco dentro del cual la convivencia civilizada tiene su lugar. Es el marco para que la libertad de alguno no avasalle la libertad ajena. El estado de derecho es la paz entre los individuos. Las personas si llegaran a sentir que la justicia vive un travestismo, y que en lugar de impartirla, los tribunales imparten injusticia, la violencia afloraría de manera inmediata.
El proceso de politización de la justicia debe terminar. Sin un trabajo altamente profesional, sin una confianza profunda y un convencimiento serio de la justicia institucional, no sería posible preservar paz, convivencia armónica ni respeto mutuo. Necesitamos los mejores jueces.


No son pocos quienes buscando destruir políticamente el sistema, y conociendo los aspectos vulnerables del mismo han comenzado a arremeter contra el Poder Judicial, sus tribunales, sus jueces, sus juicios, y el Ministerio Público.
El poner en tela de duda la justicia es transformar un estado de derecho en un estado de injusticia. Los jueces deben de ser idóneos siempre.
Nuestra constitución política y las leyes de ella derivadas establecen el principio de la presunción de la inocencia en los individuos. En Costa Rica, obra de haber sido tomada como herramienta política, el principio de presunción de la inocencia se transformó en un principio inhumano de presunción de culpabilidad. Es el que actualmente prevalece en la mente y expectativas de las gentes.
Nuestras leyes establecen que quien acusa debe probar sus acusaciones. Acusaciones sin pruebas se transforman en difamaciones, injurias o calumnias. Todas estas figuras son delictivas contra el honor.
Eso ha cambiado. Ahora producto de una sentencia, podemos acusar y mentir, difamar y calumniar. Podemos injuriar y podemos inventar cuentos perversos de otros, sin consecuencia civil.
Quienes estén en puestos públicos deberán tolerar lo que los funcionarios privados no tienen que aguantar. Se acabó la igualdad de derechos bajo la constitución y la ley. Ya los ciudadanos que desempeñen puestos públicos serán menos iguales.
Todos estos asuntos me tienen muy preocupado. Mi preocupación nace de los incesantes ataques a la institucionalidad sin que sean respondidos por los ciudadanos más responsables.
Atacar el principio de la inocencia hasta desacreditarlo fue novedoso y pocos reaccionaron ante tal cosa. Instaurar el principio inhumano de la presunción de la culpabilidad pocos en realidad lo objetaron. Ahora en esta nueva ola de vulneración ha quedado establecido por los jueces que la difamación es posible si quien es difamado desempeña un alto cargo en la administración pública. No he visto ni oído reacciones. Así llega el totalitarismo en cualquier momento a dominar la escena política.
Confundir libertad de expresión y libertad de censura a funcionarios y a actos de administración con delitos contra el honor resulta incomprensible en manos de personas expertas.
Fortalezcamos el marco legal. Procuremos la justicia pronta y cumplida. No callemos ante los errores que debilitan nuestro estado de derecho. Por la libertad se lucha cada día.

Emilio Bruce
Profesor