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Miércoles 9 Abril, 2014

Formar parte del Gobierno no debiera verse como un negocio, es una oportunidad de contribuir a la Patria


El salario de los ministros

A menos de una semana de la comunicación oficial del gabinete del nuevo gobierno y en medio de la crisis fiscal, algunos han apuntado que a causa del congelamiento de los salarios de ministros y viceministros podría dificultársele a don Luis Guillermo Solís atraer a los mejores profesionales a dichos puestos de poder.
Se argumenta que le será difícil encontrar a quienes se “conformen” con una paga de cerca de ¢4 millones al mes ya que ese salario no es competitivo “en términos de mercado”.
Si fuera realmente necesario hacerlo más competitivo sería conveniente un tanto de creatividad, de modo que se logre, pero sin generar una mayor carga para los ciudadanos o las mipymes.
Frecuentemente se traen a colación los países nórdicos cuando se habla de incrementar la tasa impositiva —o cuando se habla de alta calidad de vida y desarrollo humano— pues bien, en Noruega hace algunos años fue noticia la enorme brecha entre salarios de los CEO y el del Primer Ministro, ¿la solución propuesta? Retirar los incentivos fiscales a empresas cuyos jerarcas recibieran una paga mucho mayor.
En lugar de buscar justificaciones para un impopular aumento que recaería en los contribuyentes, se encontró una medida alternativa. Se buscó regular el mercado para que la “competencia” de los salarios públicos y privados fuera más equitativa.
Sin embargo, para muchos ciudadanos, $8 mil al mes sería más que suficiente. Son pocos quienes en Costa Rica disfrutan de salarios superiores a los $3.500 y aún menos si se buscan entre la clase media, que soporta en gran medida la carga tributaria.
El Ejecutivo necesita excelentes profesionales, “empresarios sociales” que entiendan que son servidores públicos y que se deben al país entero.
Formar parte del Gobierno no debiera verse como un negocio, es una oportunidad de contribuir a la Patria. Volviendo a los ejemplos nórdicos, en Finlandia hace poco el presidente solicitó que se redujera su salario en un 20%, apenas un año después de que los ministros estuvieron de acuerdo de reducir el suyo en un 5%.
Nuestra realidad es diferente, claro está, debemos tropicalizar las soluciones, nuestro recién electo jefe de Estado ha hecho pública la posibilidad de reducir el tamaño del gabinete, tal vez de ahí podrían salir fondos para un incremento salarial de los que queden, pero deberían entonces ser más eficientes para atender adecuadamente las nuevas responsabilidades de su cargo.
Los salarios no deben ser tan bajos que pongan en riesgo el decoro o el bienestar de los gobernantes, pero tampoco deben verse como una oportunidad de negocio a costas del esfuerzo de los contribuyentes, sin importar el desempeño del Gobierno o de la economía nacional.
Ojalá que los integrantes del nuevo gabinete lo sean gracias a sus capacidades tanto como a su amor por el país y sus deseos de contribuir al desarrollo, ojalá y todos los funcionarios públicos (gobernantes y gobernados) se sientan miembros de una clase privilegiada no a causa de su salario, sino por el civismo y el amor a su país que debe caracterizarlos.

Mariana Rosales Aymerich

Internacionalista con énfasis en comercio