Bruno Stagno

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Lunes 8 Abril, 2013

Por ser políticamente correcto, el ATT podía incomodar a sus detractores si se les obligaba a defender sus posiciones en una negociación abierta bajo el amparo de las Naciones Unidas


El ATT: el triunfo de la perseverancia (I)


En 1997 el ExPresidente Oscar Arias Sánchez invitó a varios colaureados con el Premio Nobel de la Paz a suscribir un Código de Conducta para la Transferencia de Armas. Era el inicio de una idea a la cual aún no le había llegado su hora.
Para 2003, la idea original había mutado en un proyecto de Tratado sobre el Comercio de Armas (ATT por sus siglas en inglés) que codificaba una serie de obligaciones existentes en materia de derecho internacional con el fin de proscribir aquellas ventas y transferencias de armas destinadas a actores —estatales o no estatales— al margen del derecho internacional.


Era un proyecto conciso pero ambicioso que se oponía a poderosos intereses nacionales y comerciales que difícilmente cederían terreno, rehusándose a hacer más transparente un negocio que ha prosperado bajo el manto del secretismo.
Sin embargo, por ser políticamente correcto, el ATT podía incomodar a sus detractores si se les obligaba a defender sus posiciones en una negociación abierta bajo el amparo de las Naciones Unidas. En el campo de la confrontación de ideas, las mejores armas estarían con el Presidente Arias.
Al comenzar la segunda Administración Arias Sánchez, y gracias a un cabildeo conjunto con la Fundación Arias y con Luis Alberto Cordero en particular, así como con países aliados (Argentina, Australia, Finlandia, Japón, Kenia, Reino Unido) y un enorme contingente de organizaciones no gubernamentales, Costa Rica presentó la última versión del ATT a consideración de las Naciones Unidas.
Con el objetivo de lograr la adopción de un instrumento jurídicamente vinculante, se presentó un proyecto de resolución que establecía un grupo de trabajo encargado de estudiar el alcance de un eventual tratado sobre la base del ATT.
El 18 de octubre de 2006, la resolución 61/89 fue adoptada por una abrumadora mayoría de 153 países en la Asamblea General de Naciones Unidas. Unos 24 países se abstuvieron y solo Estados Unidos votó en contra.
El 28 de septiembre de 2007, el Secretario General de Naciones Unidas conformó un grupo de trabajo compuesto de 28 expertos nacionales, el cual se reunió en el transcurso de 2008 y presentó un informe [A/AC.277/2009/1] para conocimiento de la Asamblea General.
Entretanto, con ocasión de la Cumbre de las Américas celebrada el 17-18 de abril de 2009, el Presidente Arias instó públicamente al Presidente Obama a apoyar la iniciativa. Unos meses después, el 14 de octubre de 2009, Estados Unidos anunció que reversaba la posición antagónica adoptada por la Administración Bush y que en adelante apoyaría las negociaciones de un tratado vinculante.
El 2 de diciembre de 2009, junto a otros socios y aliados, Costa Rica presentó el proyecto de resolución titulado “Arms Trade Treaty” a consideración de la Asamblea General. En esta ocasión, la resolución 64/48 fue adoptada por 151 países con un solo voto en contra (Zimbabue) y 20 abstenciones. La idea ya empezaba a encontrar su hora.

Bruno Stagno Ugarte