Deserción escolar… ¿cómo se enfrenta?
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Venimos de muchos años en que, para mejorar la educación, solo se nos habló del presupuesto a dedicarle, mientras por otro lado se permitió el deterioro en todos los otros ámbitos de la vida familiar y social, que inciden, sin duda, en que un estudiante esté motivado y en condiciones de asistir a las aulas o no lo esté


Deserción escolar… ¿cómo se enfrenta?

En vez de tan mala herencia, la Ministra de Educación debió encontrar un orden —que bien podría haberse construido en los ocho años del Ministro anterior— para dedicar sus esfuerzos y su tiempo, desde el inicio, a atender lo que es la misión de esa cartera: los estudiantes y su educación.
Le costó a la Ministra poner la situación un poco en orden en medio de una huelga de educadores que, luego de años de sufrir irregularidades en el pago de sus salarios (a algunos no se les pagaba a tiempo, otros recibían más de lo debido y hasta había muertos cobrando), decidieron que la llegada del nuevo Gobierno era el mejor momento para lanzarse a la calle a protestar.


Después de todo, el nuevo Presidente dijo traer los oídos abiertos para escuchar y buscar soluciones.
Sin embargo no debemos perder de vista que además de pagar lo justo y a tiempo a los educadores, ese Ministerio deberá enfrentar serios problemas que se originan en un ámbito mucho más amplio que el sistema educativo.
Los especialistas hablan de que la deserción a las aulas puede obedecer a múltiples factores como la pobreza, trabajo infantil, desmotivación, problemas en el hogar y la familia, violencia en los centros educativos, un entorno social que ha perdido valores y los confunde con otras cosas…
Y si buscamos poner en su lugar el origen de estos problemas vemos que escapa al Ministerio de Educación la mayor parte de las soluciones, como no sea su obligación de despertar el interés por el aprendizaje y contenidos y procesos de alta calidad.
Es la sociedad como tal la que falla.
Venimos de muchos años en que, para mejorar la educación, solo se nos habló del presupuesto a dedicarle, mientras por otro lado se permaneció indiferente ante el deterioro en todos los otros ámbitos de la vida familiar y social, que inciden, sin duda, en que un estudiante esté motivado y en condiciones de asistir a las aulas o no lo esté.
La tarea pues, no corresponde únicamente al Ministerio de Educación. Se debe mejorar la calidad de vida de toda la población para que los hogares sean espacios aptos para formar niños y en esto confluyen muchos factores a los que se ha venido dando la espalda.
Ojalá este Gobierno utilice estos cuatro años, al menos, para reencontrar el buen rumbo perdido.
El triunfo de la Selección en el Mundial demostró que sí se puede. Hagamos ahora lo necesario para obtener la copa que nos distinga por haber acabado con la pobreza y la desigualdad, con la violencia social y con todo aquello de lo que deberíamos sentirnos avergonzados.


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