Logo La República

Miércoles, 12 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


De Calibán a Ariel

Macarena Barahona [email protected] | Sábado 12 mayo, 2012



Cantera
De Calibán a Ariel

En La Tempestad, de William Shakespeare, Calibán es un esclavo salvaje y deforme, y Ariel es un espíritu, genio del aire. El filósofo francés Ernesto Renán (1823-1892) llamo a Calibán el símbolo de la democracia (exclusiva persecución del bienestar material) y a Ariel el símbolo del principio espiritual (los intereses ideales de la especie).
El escritor uruguayo José Enrique Rodó aplicó este simbolismo a los Estados Unidos (Calibán) y al ideal latinoamericano (Ariel), su libro Ariel, editado en 1900 (dedicado a José Martí) tuvo un gran éxito hasta nuestros días.
Calibán encarna la esencia de la doctrina conocida como el Destino Manifiesto, donde la América Latina y el Caribe fueron objeto y son, de guerras de invasión y militarismo por parte de Estados Unidos, su vocación calibanesca sigue atropellando distintas zonas en el mundo, ya no solo la de habla hispana, la heredera del Imperio de España, con su espíritu religioso y su lengua española. Ariel, nuestro ideal latinoamericano ha caminado en un siglo bajo la influencia y dominio de un Calibán que usa la democracia para avasallar y el mercado como religión.
Es la América criolla, Ariel, la que sucumbe al peso de Calibán, la que dentro de sí, calibanes vierten el odio hacia lo propio; venden nuestros jóvenes al mejor postor sin darles una educación ligada a nuestra identidad, conforman valores para el orgullo de un Calibán lejano, un espíritu ya no de democracia sino de mercantilismo, de un sentido de la vida únicamente para vivir y alcanzar bienestares materiales.
Ariel lleva el espíritu encarnado de identidad, de nuestra sangre indígena, africana, europea y asiática… ¿Qué sangre nos falta? ¿No seremos lo mejor de la especie?, como decía José Martí, en su famoso artículo Nuestra América.
Calibán es un anagrama forjado por Shakespeare a partir de “caníbal”, que a su vez deviene del término “caribe”, deformado ha quedado de manera infamante y grotesca no solo el Mar Caribe, sino la resistencia heroica y valiente de los habitantes de estas tierras: los caribes, denominados por los europeos de can, gente parecida a los canes (perros criados para las guerras) utilizados por los europeos en su guerra de colonización del continente americano.
En La Tempestad, obra última de William Shakespeare, Calibán se lamenta al ser despojado por Próspero de su isla, al ser esclavizado y porque le enseña su lenguaje:
“Me enseñaron su lengua y de ello obtuve/ el saber maldecir: ¡La roja plaga/ Caiga en ustedes por esa enseñanza!”(Acto I Escena 2)
Nuestra identidad deviene con la libertad política, nuestro sincretismo cultural, nuestra esencia, un Ariel caribeño múltiple y diverso.
¿De un Calibán a Ariel? ¿De Ariel a Calibán?

Macarena Barahona