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Nada ganamos con inflaciones tan bajas, por debajo del umbral del 4%, si existen cientos de miles de jóvenes e incluso, adultos mayores, con necesidades de empleo para llevar sustento a sus hogares


Control de la inflación y crecimiento

Este jueves, el Banco Central dio a conocer que nuestro país cerrará 2013 con la inflación más baja de los últimos 36 años.
Además, una nueva disminución en la tasa de política monetaria, lo cual incidirá directamente en mantener el control del crecimiento de precios para el próximo año.
El hecho debe llenar de optimismo a todos los sectores económicos, porque una inflación baja contribuye a crear un ambiente de estabilidad que beneficia a las empresas, que no deben preocuparse tanto de evitar tener pérdidas financieras por culpa de la inflación.
A la vez, promueve la inversión.
Para los asalariados significa una mayor estabilidad de su poder adquisitivo, para comprar los bienes que necesitan sus familias. Los que se alivian son las personas con bajos ingresos, que tradicionalmente son las más golpeadas cuando la inflación crece, pues se limita aún más su poder de compra.
Llegar a una meta de inflación del 4% era impensable hace una década. Desde la crisis de los años 80, cuando el crecimiento de precios superó incluso el 100% anual, el país intentó sin éxito controlar este indicador.
Las altas inflaciones se han relacionado con el beneficio de unos pocos sectores económicos y el empobrecimiento de una gran parte de la población.
Sin embargo, es importante que, a la par de este logro, vayan aparejadas estrategias que incentiven un mayor crecimiento económico y que, por añadidura, se recuperen los niveles de empleo.
Nada ganamos con inflaciones tan bajas, por debajo del umbral del 4%, si existen cientos de miles de jóvenes e incluso, adultos mayores, con necesidades de empleo para llevarles sustento a sus hogares.
De nada le sirve a una persona sin trabajo, que los productos no suban de precio, si no tiene dinero para comprarlos.
Para crear esos estímulos, el Banco Central cuenta con algunas herramientas. Por ejemplo, si el Banco Central suelta un poco las amarras en los límites crediticios, como el encaje, los bancos podrían prestar más, las empresas contratarían más personal y habría más gente dispuesta a consumir, lo que generaría crecimiento económico.
Sin embargo, la inyección de más dinero en la calle puede provocar una presión en la demanda y, por consiguiente, un aumento en los precios.
Este debate no es nada sencillo y para el Banco Central ya es bastante complicado tener que cuidar la estabilidad de los precios, y a la vez, tener control sobre lo que suceda con el tipo de cambio, un indicador que si se descuida, podría también atentar contra la inflación.
Existe un proyecto de ley que pretende incluir entre los objetivos del Banco Central el crecimiento económico y el empleo.
Sinceramente, este es un tema que va más allá, de lo que puede hacer el Banco Central. Sus herramientas monetarias serían insuficientes para lograr un crecimiento sostenido y garantizar un empleo pleno.
Se trata de una política de Estado, en la cual la entidad reguladora es un participante más, con el aporte de los ministerios de Economía, Hacienda, Planificación, Trabajo e incluso Educación, para lograr la meta de crecimiento que todos deseamos y que este país es capaz de alcanzar.
 


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