Alberto Cañas

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Miércoles 17 Abril, 2013

Segunda parte de mi respuesta a don José Alberto Aguilar Sevilla, que inicié el sábado anterior


Chisporroteos (parte II)


Continúo con la segunda parte de mi respuesta a don José Alberto Aguilar Sevilla, que inicié el sábado anterior.
Critiqué que don Oscar cerrara los estancos del CNP, donde se abastecían las clases humildes. Mi contrincante combate la medida, exactamente con los argumentos que las alas derechas de nuestro país vienen esgrimiendo desde la década de 1940 contra las medidas, Código de Trabajo incluido, que se toman en favor de la gente pobre.
Es decir, lo de siempre; la actuación gubernamental en favor de los pobres trae inflación. El argumento ya aburre.
También que el CNP dejara de comprar la producción agrícola para salvar a los productores de las garras de los especuladores de los mercados. Ya se escuchan, de fuentes aristas, las intenciones de cerrar el CNP.
Critiqué que don Óscar prácticamente cerró el INVU. El señor Aguilar dice que no, pero admite que el INVU ha sufrido bajo don Óscar el mismo destino que las instituciones creadas por don Pepe (las que fundaron don Chico (Orlich) y don Daniel (Oduber) no han tenido ese destino).
Ojalá me diga dónde están las 85 mil viviendas que construyeron los gobiernos de don Óscar, para ir a conocerlas. Y también, si en el Banco de la Vivienda se han adjudicado esas viviendas con el criterio patriótico y serio que don Rodrigo Carazo le impuso al INVU, o si más bien ahora se entregan en canje por cierto papelito que se distribuye durante la campaña electoral.
Dice el señor Aguilar que es falso que don Óscar se empeñara en que se derogase la prohibición constitucional de que los expresidentes volvieran a la presidencia.
La frase “uno me salió güero”, que según don Guido Sáenz profirió don Óscar frente a él, está allí, firme, incólume.
Un magistrado le salió güero. No lo he dicho yo. Yo me limité a leerlo.
Claro, las acciones de inconstitucionalidad las plantean distinguidos constitucionalistas. Pero todo el país sabe quién era el cliente de esos señores.
Según el señor Aguilar, yo mentí (me acusa de mentiroso todo el tiempo) cuando dije que don Oscar dio por cancelada buena parte de la deuda del gobierno con la Caja de Seguro. Es cierto, dice el señor Aguilar que no se pagó la totalidad de la deuda. Pero lo que yo dije es que se había dado por cancelada la totalidad. Una parte se pagó, es cierto, pero la otra no.
Me refiero al caso Crucitas. Otra mentira de que el señor Aguilar me acusa, es que yo dije (y confieso mi error dándome golpes de pecho), que había sido la Sala Constitucional la que anuló el permiso que el gobierno de Arias le dió a esa empresa, para explotar tierras que están sustraídas del comercio normal.
Fue un Tribunal Contencioso Administrativo quien echó abajo la arbitrariedad del gobierno de Arias, fallo que fue confirmado por la Sala Primera de la Corte. Lo curioso es que el señor Aguilar no expresa su apoyo a la decisión del Presidente Arias y su pariente señor Dobles, de permitir la explotación comercial de tierras nacionales.
Es el único caso en que mi contrincante me critica, pero no defiende la decisión que yo ataqué. Y le pregunto de dónde ha sacado eso de que a la Sala IV yo tanto admiro. Perdone, señor. No la admiro. Creo que mete la pata tres veces de cada cuatro, y ya más de una vez, como en el regreso de los expresidentes al Poder, insultó al país declarando inconstitucional una disposición constitucional anterior a su propia existencia, y por si fuera poco, dando razones puramente formales.
El haberse quejado don Óscar porque en Oslo hospedaron a su canciller Rodrigo Madrigal Nieto en el mismo hotel que a él no lo inventé yo. Me lo contó personalmente el propio don Rodrigo, a quien nunca, en más de cuarenta años de amistad, conocí como mentiroso.
No sé dónde hospedaron al señor Aguilar, porque se trataba de un particular a quien don Óscar convidó a acompañarle a Oslo (supongo que por cuenta de nuestro gobierno).

Alberto F. Cañas