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Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 07 diciembre, 2013


Pocos políticos del siglo XX podrían acreditarse una realización y una conquista como las que Nelson Mandela propició en Sudáfrica, un país que había, en décadas anteriores, llevado la discriminación de razas a principio constitucional


Chisporroteos


Con Nelson Mandela desaparece el último de los tres grandes hombres del siglo XX. (Con Alberto Einstein y Mohandas Gandhi, según lo dijeron las encuestas de los órganos de opinión allá por el año 2001) Sudáfrica (o la Unión Sudafricana como se llamaba entonces oficialmente) era uno de los más importantes países de aquel continente, oficial y constitucionalmente definido como un país de separación racial, en el cual todo el poder político estaba en manos de un minoría blanca, mientras que la mayoría negra carecía de él.

Una complicada evolución política y constitucional, a la cual por supuesto no fue ajeno Mandela, líder indiscutido de la mayoría negra, logró las reformas constitucionales necesarias después de las cuales Mandela se vio ungido como Primer Ministro, el primero de raza negra en aquel país, al cual gobernó con inteligencia, con sabiduría, sin extremismos ni demagogia, dedicado su gobierno a propiciar una conciliación de las dos razas que su inmensa habilidad política pudo lograr.
Pocos políticos del siglo XX podrían acreditarse una realización y una conquista como las que Nelson Mandela propició en Sudáfrica, precisamente un país que había, en décadas anteriores, llevado la discriminación de razas a principio constitucional.

Su gobierno está lleno de magníficas anécdotas que lo muestran conduciendo a su país por el camino de la compresión y el entendimiento.
Entre las muchas anécdotas suyas que se cuentan está la de un equipo deportivo compuesto exclusivamente por blancos que disputó cierto campeonato internacional allí mismo, en Sudáfrica, y Mandela, ya para entonces primer ministro, pidió desde la casa de gobierno a los habitantes, sin distinción de raza ni de color, concurrir al estadio a aplaudir a sus compatriotas blancos, y esa fue una de las innumerables maneras que Mandela tuvo de incitar a los sudafricanos a vivir en paz y a admitir su nacionalidad común y su ciudadanía común.

Todo eso fue un milagro, y sigue siéndolo, y Sudáfrica se encuentra hoy como uno de lo países más pacíficos, mejor organizados y con mayor sentido de unidad que hay en el glorioso continente.

La muerte de Nelson Mandela enluta al mundo. Sus funerales serán sin duda alguna un acontecimiento, y el prócer, reconocido como la gran figura humana y política que le dio a su patria una configuración más humanitaria, más libre, más pacífica y por supuesto, más gloriosa. Paz a sus restos.


Alberto F. Cañas