Alberto Cañas

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Miércoles 19 Junio, 2013

Cultivar un público es abrirle horizontes. Mostrarle cosas que ignora, puestas en escena serias de obras que no se sabe de memoria, podría ser una consigna


Chisporroteos

Hace más de cien años, el empresario italiano Adolfo Bracale armaba periódicamente una pequeña compañía de ópera, la reforzaba con un tenor o una soprano de renombre, y entiendo que basándose en La Habana, emprendía con ella una temporada por Centro América y el Caribe, ignoro si se extendía más allá, y su repertorio de alrededor una docena de óperas sobradamente conocidas no variaba de temporada a temporada, porque Bracale sabía, dentro del inmenso repertorio universal, cuáles eran las óperas que necesitaban más de tres intérpretes entre estelares y semiestelares.
Solo óperas con libreto en italiano, tres de Verdi: La Traviata, Rigoletto y El Trovador, tres de Puccini: La Bohemia, Tosca y Madama Butterfly, dos de Donizetti: Lucia de Lamermoor, Elixir de Amor y alguna otra; Los Payasos de Leoncavallo, Cavallería Rusticana de Mascagni. Por supuesto, no la popularísima Carmen de Bizet cuyo papel principal lo lleva una mezzo soprano.
Temporada tras temporada, el público del Teatro Nacional escuchaba, gracias a Bracale, las mismas óperas, de sencillo montaje y reparto no muy numeroso. Y desde la primera década del siglo XX hasta la última temporada de Bracale que fue en 1928, se acostumbró a esas óperas, como si fueran las únicas del mundo.
Por lo que estamos viendo, la actual Junta Directiva de la Compañía Nacional de Ópera del Ministerio de Cultura ha decidido que el repertorio de Bracale es suficiente para el público del siglo XXI, y cree que los bisnietos de la gente del 900 han de tener el mismo gusto (obligado) que la necesidad impuso a sus bisabuelos, lo cual es una lástima, ya que, con directivas diferentes la compañía nacional nos ha dado joyas como Fausto, Don Giovanni, Cosi fan ttutte, así haya sido en puestas en escena tan desdichadas y ridículas como algunas de las que acabo de citar.
Pero, en fin, ya pensionaron, o expulsaron del país al uruguayo que venía a destruir óperas en experimentos desesperantes. Al menos en eso algo hemos ganado.
Cultivar un público es abrirle horizontes. Mostrarle cosas que ignora, puestas en escena serias de obras que no se sabe de memoria, podría ser una consigna

Cultivar un público es abrirle horizontes. Mostrarle cosas que ignora, puestas en escena serias de obras que no se sabe de memoria, podría ser una consigna