Alberto Cañas

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Sábado 15 Septiembre, 2012


Chisporroteos

El terremoto de estos días trae a mi recuerdo el muy infortunado que destruyó la ciudad de Managua, del cual los edificios que se salvaron fueron los que habían sido construidos aplicando una fórmula ideada en Costa Rica que les garantizó su supervivencia.
Todos los edificios que hoy se construyen en nuestro país se hacen de acuerdo con esa fórmula, y esta semana no tuvimos grandes desastres que lamentar, e incluso rascacielos de audaz altura salieron incólumes.
Traigo esto a colación, para destacar los progresos técnicos que nacen en nuestro país, y que hablan bien de la calidad de los profesionales que aquí se gradúan y por ende de la calidad de nuestras escuelas universitarias
Una vez más se impuso lo que podríamos llamar la obsesión costarricense con la calidad de la educación, que arranca de la sabia disposición de don Jesús Jiménez, de declarar como ministro (hace más de 150 años) obligatoria la enseñanza primaria, disposición que tuvo como resultado que 40 años después Costa Rica disputara con Cuba y Uruguay el ser el país más alfabetizado de la América Latina, y hoy día (sin que hagan falta estadísticas periodísticas sobre el particular), el país donde el afán de la juventud en busca de una carrera universitaria tiene prácticamente caracteres de obsesión.
Y dentro de esa avalancha de estudiantes que buscan educación universitaria, vienen los talentos excepcionales que inventan, discurren, y encuentran fórmulas como la que salvó esta semana nuestros orgullosos rascacielos.
Es cierto que todavía necesitamos más ingenieros, y menos abogados, menos médicos y menos economistas, profesionales que abundan y cuyas carreras debería encontrarse una manera de no estimular, orientando a los jóvenes hacia las ingenierías.
Esto de orientar al joven hacia las carreras reputadas de necesarias, lo intentó la Unión Soviética a la fuerza (como lo hacía todo) con resultados lamentables, pero debería dársele a una autoridad superior, el autorizar o no la apertura de las diferentes carreras en las universidades que no las contienen.
Costa Rica se ha distinguido por no obligar a nadie ni impedirle nada a nadie. Pero sí convendría que la autoridad reguladora de las universidades privadas asumiera la tarea de orientarlas en cuanto a la apertura de carreras que están saturadas y de carreras que estamos necesitando. Es triste ver a graduados universitarios manejando taxis (como lo vio Chile alguna vez), porque siguieron carreras saturadas mientras hay carreras que están pidiendo más profesionales.
Tengo fe en la capacidad de convencimiento que tiene este país de nuestros pecados, y de que podrá dar con una manera de estimular el estudio de las profesiones que se necesitan, y desalentar el de aquellas que estén saturadas.

Alberto F. Cañas