Alberto Cañas

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Miércoles 5 Septiembre, 2012


CHISPORROTEOS

Un gran acierto de la Universidad de Costa Rica ha sido el otorgar este año su premio Rodrigo Facio al doctor Guido Miranda. Es un premio que la universidad otorga por servicios al país, y pocos se lo han ganado como él.
Me tocó trabajar junto a él durante muchos años cuando fui miembro de la Junta Directiva de la Caja Costarricense de Seguro Social. Allí pude aquilatar no solo su inteligencia inconmensurable (sólo he conocido la de Rodrigo Facio que se pudiera colocar a la par de la suya), sino además su espíritu de servicio y su entrega total a la institución y a su propio trabajo dentro de ella.
Entre las cosas sorprendentes e inauditas con que me sorprendió este hombre durante todos esos años, fue el hecho de que jamás llegó a una sesión de la junta directiva cargado de papeles. Los datos que se necesitaban los traía todos en la cabeza y estaba en capacidad de explicarlos y evaluarlos sin necesidad de recurrir a ayudas ni a papeles de ninguna especie. Cada vez que hacía uso de la palabra nos dejaba asombrados a los directores.
Una de sus actitudes más sorprendentes, es que jamás concibió a la Caja como una institución médica, sino como una institución financiera, y su preocupación por su porvenir financiero estuvo presente en todas sus actuaciones, sobre todo desde que cierto estudio sobre ella cuya procedencia de origen foráneo he olvidado que llegó alrededor de 1989 cuando el período del doctor Miranda y el mío fenecían, señaló el año 2012 como aquel en que si no se tomaban medidas a tiempo podría sobrevenir la quiebra de la institución.
Efectivamente, en el 2012 estamos enfrentados a la crisis más seria que hubiéramos podido imaginar.
Fue del doctor Miranda la idea de cooperativizar los servicios en ciertos cantones, que ha tenido tan estupendos resultados en todos los sitios donde se experimentó.
De todos los gerentes y presidentes ejecutivos que tuvo la Caja en su edad de oro, Guido Miranda fue el único médico. Y lo hizo tan bien que ahora está casi institucionalizada la idea horriblemente errónea de que para dirigir la institución nada mejor que un médico.
Recuerdo de esos años la idea que circuló, creo que sugerida por Oscar Barahona Streber, de dividir la enorme institución en dos: una estrictamente médica y otra estrictamente aseguradora y financiera.
No creo que exista un ciudadano más preocupado por la seguridad social ni más enterado de sus problemas que Guido Miranda. Estas líneas las concebí inicialmente como una felicitación a él por el honor que le han conferido, pero termino rectificando y a la que felicito es a la Universidad de Costa Rica por ese acto de justicia.

Alberto F. Cañas