Alberto Cañas

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Sábado 25 Agosto, 2012


CHISPORROTEOS

El reciente fallo que exoneró totalmente de algo a don Rodrigo Arias y expuso a una demanda por daños y perjuicios a don Otto Guevara es un ejemplo claro de la progresiva judicialización de la política que venimos experimentando, pero si se observa con un ojo distinto o bien avizor, lo es también de una también progresiva politización de la justicia que no por menos clara y evidente deja de ser real.
Esto comenzó allá entre el 82 y el 86, cuando el entonces presidente don Oscar Arias logró convertir a un miembro de su gabinete en Presidente de la Corte Suprema de Justicia y a ciertos partidarios o amigos suyos (no se sabe muy bien), en magistrados de la Sala Constitucional (aunque uno de ellos, según él mismo proclamó, le salió “güero” a la hora de traerse al suelo (por cierto dando razones muy deleznables que nada tenían que ver con el fondo del asunto) la prohibición total de reelección que en medio del júbilo nacional logró que se introdujera en la Constitución el presidente don José Joaquín Trejos.

Desde entonces muchos miramos con temor los fallos que se van dictando en asuntos que interesan o desinteresan al bando Arias. No al Partido Liberación Nacional sino al bando Arias. Es posible que en más de un caso nuestros temores no hayan estado justificados, pero el hecho es que los temores circulan y la desconfianza en la imparcialidad de los tribunales aumenta.
Es público y notorio que los que hasta hace unos años eran los dos partidos mayores, se distribuían equitativamente los asientos que quedaban vacantes en la Corte Suprema y notablemente en la Sala Constitucional.
Ahora, cuando el PUSC ha dejado de ser un partido mayor (al menos en el seno de la Asamblea Legislativa) ignoro si Liberación tratará de repartirse las magistraturas con otro partido o simplemente intentará llenarlas todas con gente afín.
Pero todo esto va en detrimento de la democracia que hemos querido, de que hemos disfrutado, y por la cual el país se alzó en armas una vez, porque es una forma más o menos disimulada de corrupción (aunque corresponda a aquella perversa estupidez que alguno anunció como tiranía dentro de la democracia). Más o menos disimulada dije, pero de una total y definida corrupción. Como el principal partido de oposición en la Asamblea actual, el PAC, no entrará, estoy seguro, en arreglitos como el que hubo con el PUSC, no quiero pensar cómo se van a efectuar los próximos nombramientos de magistrado, sobre todo porque Liberación no tiene votos suficientes para hacer ningún nombramiento sin contar con votos ajenos. Pero ya sabemos muy bien cuál es el precio que la actual fracción legislativa del PLN paga por los votos que necesita. Algún postor encontrará, y el resultado será todavía peor.

Alberto F. Cañas