Alberto Cañas

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Sábado 17 Marzo, 2012


Chisporroteos


Puede ser que mi buen colega Alvaro Madrigal y este servidor de ustedes seamos un par de periodistas pasados de moda. Pasados de moda no como periodistas sino como seres humanos.
Porque en esta Costa Rica que vivimos o que padecemos, sólo a él y a mí se nos ocurre decirle al Ministro de Obras Públicas que debe renunciar. Madrigal partió plaza en estos días, y yo vengo hoy a acuerparlo.
¿Por qué? Porque aunque él no sea responsable del robo de armas y de cualesquiera otras cosas que aparezcan, la costumbre en los países civilizados es que el dignatario al que le ocurre una cosa de esas, aunque no sea culpa de él renuncie, por no haber sido capaz de ejercer la mínima vigilancia que de él se exige, y también, razón mucho más poderosa, para que nadie sospeche que desde su alto cargo pueda dificultar u obstaculizar la investigación que habrá de hacerse del asunto. Mejor que no esté ahí.
Véase si no este caso del horrible accidente ocurrido en Bélgica, donde un autobús escolar chocó contra un muro en un túnel causando numerosas muertes. El ministro respectivo presentó su renuncia inmediatamente.
Pero en Costa Rica, el gabinete presidencial ha pasado a ser una especie de club de amigos que se reúnen a tomar el té por las tardes. Ya hay incluso en él una pareja de marido y mujer, cosa que en el Partido Liberación Nacional se ha puesto de moda. Observen ustedes que el Alcalde de Pérez Zeledón que fue despedido por un plebiscito es el marido de la diputada liberacionista de ese cantón. En el PLN, por lo que vamos viendo, no se conforman con que entre un salario en la casa de los funcionarios, y se esmeran en que entren dos. Hay que ver el número de diputados de ese partido que han nombrado asesor a su cónyuge sin que se sepa en qué ciencia o arte podría asesorarlo. Lo que cada día se me hace más evidente es que conforme pasan las semanas, las sesiones del Consejo de Gobierno deben de estar siendo más y más una especie de té de costura.
Esto puede deberse a que la Presidenta doña Laura ha llegado a la conclusión de que en el PLN queda muy poca gente a la que se pueda recurrir en un trance difícil, y por esa razón no se sale del círculo de donde salieron los gabinetes de José María Figueres (el inicial) y el reciente de Oscar Arias. En otros tiempos a eso le llamaban una camarilla. Lo que los chiquillos de mi generación llamábamos “la huelga de la esquina”.
Lo que necesita el gobierno es que le entre aire (como el que le entró con la llegada del Ministro Castillo a Relaciones Exteriores). Abrir las ventanas y que entre aire. Ya han tenido, por supuesto, que prescindir del señor Doryan (a quien solo le faltaba ser director de la Orquesta Sinfónica y jefe de cirugía en el Hospital México). Pero lo que hizo en la Caja fue tan gordo que era imposible sostenerlo más, en el ICE, no fuera a repetir la dosis.
Y dentro del aparente código de conducta de la huelga que gobierna, la renuncia por razones de dignidad y entereza y para que un asunto pueda investigarse con plena libertad, no existe.
Reciba Alvaro Madrigal mi felicitación por atreverse a decir de primero lo que muchísima gente está pensando.

Alberto F. Cañas