Alberto Cañas

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Miércoles 14 Marzo, 2012


Chisporroteos

El casi benemérito Carabaguíaz, que ha puesto otra vez los ferrocarriles en la primera plana no solo de los periódicos sino de todos y cada uno de los costarricenses, ha anunciado que llegarán a Cartago en diciembre de este año. Congratulaciones, y que sigan hacia Turrialba.
Pero me parece conveniente insistir en que hay que colocar, en los cruces del ferrocarril con calles y carreteras, las señales que había antaño para evitar que choferes imprudentes se le atraviesen al tren, con las tristes consecuencias que recientemente hemos lamentado.
Me imagino que obligarían a un gasto alto que puede que en estos momentos la renaciente (gracias a Carabaguíaz) institución ferrocarrilera no puede afrontar. Pero me atrevo a sugerir que sería conveniente que se buscara financiación para esa obra de bien público, en las instituciones autónomas del Estado que no hayan sido puestas al borde de la quiebra por los gobiernos aristas, y en empresas privadas que estén anuentes a gastar dinero en una obra de bien público. No creo que el asunto sea extremadamente difícil. Es cuestión de poner empeño.
No sé en qué librerías se encuentra, porque el propio Gerardo Bolaños me ha hecho llegar un ejemplar que agradezco como no hay idea. Ese notable periodista ha tenido la feliz idea de seleccionar, recopilar, antologizar, como ustedes quieran llamar la bella labor que ha hecho, ciertos poemas de Rubén Darío que él considera aptos para ser entendidos y disfrutados por los niños. El libro se titula POEMAS QUE RUBEN TE DARIA, cuenta con unas estupendas ilustraciones en colores de Adián González Rizo, artista a quien presumo nicaragüense, y un inteligente prólogo de Sergio Ramírez.
Formalmente, y por supuesto por su texto, el libro es una joya. Su sello editorial es de Editorial La Jirafa y Yo, con la que entiendo Bolaños está vinculado, y los poemas que contiene son veinticuatro. Una joya bibliográfica que recomiendo efusivamente no solo a los niños sino también a los adultos.
Las explicaciones que ha dado mi amigo Johnny Araya sobre el nunca bien ponderado Chinatown con que nos amenaza, son satisfactorias pero no convincentes, pues no nos ha demostrado que San José necesite un barrio chino, como tampoco necesita un barrio italiano ni un barrio nicaragüense, ni un barrio español, ni un barrio judío, ni un barrio que no sea espontáneo. En todo caso le agradezco la atención que me puso.
Se me ha parado el pelo ante la noticia de que una compañía privada va a hacerse cargo de la ampliación de la carretera a San Ramón. Lo cual significa que en cuanto la terminen nos pueden empezar a cobrar por ella. Con lo cual se irá completando el ideal que se me ocurre básicamente arista, de que en Costa Rica haya carreteras para ricos, carreteras (de inferior calidad) para pobres. Ya sé por donde saldrán de San Ramón los pobres cuando quieran visitar San José. Pasarán por Palmares, Naranjo, Sarchí, Grecia, El Cacao, San Josecito, Alajuela, Río Segundo, Heredia, (La Uruca, o bien Santo Domingo y Tibás). Prepárense pues, compatriotas vecinos de la ciudad de los poetas.

Alberto F. Cañas