Logo La República

Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 26 octubre, 2013


Entre los aspirantes a la presidencia hay más de uno con condiciones y a quien yo no vacilaría en entregar el futuro del país


Chisporroteos

La comparecencia colectiva que hicieron los candidatos presidenciales en la Universidad Nacional, se caracterizó por su frialdad. Y en una campaña que se está caracterizando precisamente por eso, por su frialdad, tal cosa es acongojante.

No parece que se estuviera discutiendo y decidiendo el destino de la República cuya situación es grave según todo el mundo lo reconoce, y francamente eché de menos que alguno de los aspirantes soltara un “aquí estoy yo” terminante, y se comprometiera a dar pasos serios y fuertes para la recuperación del país.
La impresión que dejaron todos es la de que están compitiendo por obtener la presidencia de un colegio profesional, de una cámara o de una central sindical. No el gobierno de un país en visible crisis después de un largo período de gobiernos deficientes y sin orientación (o con orientación anti-popular los que la tuvieron).

Tengo la impresión (puede que me equivoque según me suele suceder), de que la elección del año entrante la van a decidir los jóvenes, que se han venido manifestando como remisos a comprometerse. Y también la de que quien logre despertar a los universitarios será el que resulte electo, sea en febrero o en abril.

Me pregunto si estaré en lo correcto, siendo como soy o estoy a punto de ser, el más viejo de los viejos. Pero precisamente por lo mucho que he visto a lo larguísimo de mi vida, registro y resaco entre mis recuerdos si habremos vivido antes una situación como la actual, de visible crisis y visible desinterés entre los votantes.

Entre los aspirantes a la presidencia hay más de uno con condiciones y a quien yo no vacilaría en entregar el futuro del país, y precisamente con ese criterio emitiré mi voto en favor del que ya he dicho públicamente que me parece el mejor y el de más claras condiciones intelectuales y culturales.
Pero eso no significa que yo crea que sólo ése vale la pena. Hay más, y se me ocurre que será finalmente entre esos que se resolverá el asunto. Debo dejar dicho que a pesar del buen concepto que me merece el candidato liberacionista, no las tengo todas conmigo en eso de darle a un partido político, cualquiera que él sea, tres períodos de gobierno seguidos, lo cual nos podría llevar a copiar el electoralmente lamentable México de las décadas de 1930 y 40.