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La alegría de celebrar con los hijos debe invitarnos a analizar el papel que jugamos en la sociedad para evitar que haya tantos niños cuya situación es la opuesta

Celebremos con mayor conciencia

La realidad que viven muchos niños y adolescentes en Costa Rica, que los obliga no solo a trabajar sino, en muchos casos, a soportar las peores formas de explotación laboral, con sus graves consecuencias, es un tema para reflexionar durante este fin de semana, en que se celebra el Día del Padre.
Es precisamente la alegría de compartir esta celebración con los hijos, en un ambiente hogareño donde reinen la paz y el amor, lo que debe mover a todos, padres y madres, a analizar cuál es el papel que están jugando como miembros de la sociedad para evitar que haya tantos niños cuya situación es la opuesta.
En el marco del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el pasado 11 de junio, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dirigió un llamado a los sectores que tienen que ver con el tema laboral, la educación, la seguridad, la cultura, la iglesia, el empresariado, las organizaciones gremiales, los medios de comunicación y las familias en general, para comprometer su voluntad y el máximo esfuerzo hacia el cumplimiento de metas en ese sentido propuestas por la Presidenta de la República hace dos años.
Lo lamentable es que tan buen propósito se quede en el papel. La realidad nos dice que el desempleo, la pobreza y la desintegración familiar no dejan de golpear fuertemente a muchos costarricenses, cuyos hijos, si los hay, sufren directamente las consecuencias. Son estos, hijos que no tienen el acceso a los básicos derechos humanos, mucho menos a una celebración.
Costa Rica necesita mucho de la voluntad y las acciones de todos los sectores antes mencionados para desterrar la pobreza extrema y organizar al país de modo que su niñez sea atendida y disponga de buena educación, servicios de salud y un hogar donde no falte lo básico para una vida digna y por tanto feliz.
Pero aun si todos estuviéramos dispuestos a dar juntos una batalla en ese sentido, difícilmente podríamos lograrlo si no surge una nueva conciencia para adoptar, entre otros valores, el trabajo y la solidaridad, la capacidad de actuar unidos, como pilares fundamentales de la existencia. Esto es indispensable para construir una patria inclusiva.
El incremento del individualismo y el desmedido materialismo nos provocaron una menor capacidad para unir esfuerzos hacia un proyecto común. Esto debilita nuestra posibilidad de realizar la transformación que la sociedad necesita.
Con el más sincero deseo de una celebración feliz para todos los padres que habitan en este país, los invitamos a pensar en los hijos más desprotegidos de Costa Rica.

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