Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 25 Junio, 2013

La reputación, insistimos, es el más valioso activo de un abogado de hecho, el de toda persona por lo que es menester respetársela



TROTANDO MUNDOS

Abogados y buena reputación 2

Hace unas décadas la Embajada de los Estados Unidos nos refirió a centenares de norteamericanos que habían sido defraudados por un canadiense, operando bajo el velo de una oficina en Centro Colón. Tenía en ese santuario a un equipo promoviendo inversiones de Estados Unidos por teléfono, algo que nadie que no fuera parte sabía.
Cuando el fraude se destapó, la revista Newsweek señaló a Costa Rica en su portada como una guarida de ladrones. Lo primero que hicimos, cuando aceptamos el caso, fue negociar que si lográbamos llevar a la justicia al canadiense, Newsweek se retractaría de los epítetos con la misma amplitud.
Habíamos logrado apresar al delincuente en San José, pero el Juez le puso una fianza de veinticinco mil colones y el fulano salió de Pavas, en un avión privado, rumbo a Panamá. Después de detectar su destino nos pusimos al habla con las autoridades panameñas, quienes cooperaron capturándolo. Rumbo al aeropuerto se las agenció para simular un ataque al corazón y no viajó a Costa Rica.
En una trama internacional digna de una serie televisiva, averiguamos que se había fugado para Cuba. La SEC norteamericana logró interceptar una llamada que lo ubicaba en la isla y nos pasó la información. El proceso se nos tornaba más complicado por lo que hubimos de ser creativos para darle caza.
Primero se dio la coincidencia de que el Presidente Arias (en su primera administración) asistiría a una conferencia de presidentes en Argentina a la que también iría Fidel Castro. Le explicamos la coyuntura y se ofreció a hablarle a fin de que nos entregara al fugitivo. Fidel accedió solo si podíamos demostrarle que había defraudado a algún costarricense. “Si solo cayeron gringos, no se los doy”.
De vuelta a la pizarra consultamos al ICE. Les había dejado una cuenta impaga de catorce millones de colones, lo cual matizamos de defraudación, y con eso enviamos a un miembro de la firma a Cuba. Como no había vuelos directos el viaje era complicado, pero se dio la segunda gran coincidencia. La Sele iba hacia la Perla de las Antillas a jugar dos partidos de fogueo en dos fines de semana seguidos y, con esta, viajaron el abogado y un miembro de la Interpol.
En el viaje de regreso de la Sele el canadiense venía escuchando la alegría de los seleccionados pues les había ido bien en los juegos. Baste decir que lo extraditamos de Cuba y lo trajimos ante un Juez, quien está vez lo encarceló por largo tiempo.
De inmediato contactamos a Newsweek y en la siguiente edición nos cumplió ampliamente. Para el abogado que lo había representado en Costa Rica, la cosa fue triste porque perdió su prestigio.
La reputación, insistimos, es el más valioso activo de un abogado —de hecho, el de toda persona— por lo que es menester respetársela, sin insinuaciones, hasta tanto no sea declarado culpable de algún delito, salvo que haya una prueba irrefutable de que contribuyó conscientemente a la comisión de delitos.
Eso es lo que dice la Constitución y eso es lo justo.
Tampoco nos parece aceptar ese sentimiento de culpa país que nos adjudica la prensa porque en Costa Rica operó este o aquel criminal. ¿De qué país vino y en cual se dio el fraude y las víctimas? ¿Por qué las autoridades de su país no lo atraparon a tiempo? ¿No era que el lavado se da en los bancos, en cuyo caso la deshonra debería caerle a Singapur y Siberia, ergo, Rusia?
¿Entonces por qué nos dejamos echar la culpa los costarricenses? Si fuera un tico en el extranjero el que delinque, a nadie se le ocurriría culpar al país respectivo de nada. Se centrarían en el crook.

Lic. Humberto Pacheco A., M.C.L.
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