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Miércoles, 21 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


70 años de la Universidad de Costa Rica

Macarena Barahona [email protected] | Sábado 04 septiembre, 2010



Cantera
70 años de la Universidad de Costa Rica


Un 26 de agosto de 1940, con desfiles de honor, estudiantes de secundaria, el presidente Rafael Calderón Guardia, el ministro de Educación, Luis Demetrio Tinoco; monseñor Víctor Manuel Sanabria, autoridades recién nombradas por el Congreso de la República, que conformaron el primer Consejo Universitario, y Alejandro Aguilar, su primer rector, celebraron la ceremonia de inauguración de la Universidad de Costa Rica.
Setenta años han pasado llenando de trabajo y ciencia a la sociedad costarricense. La Universidad de Costa Rica, es sin lugar a dudas el icono de lo mejor de nuestra vida como ciudadanos. No solo alberga, como casa de estudios, a las generaciones más entusiastas de los y las costarricenses, que forjan su futuro, sino que entre docentes, administrativos, y trabajadores en general, juntos, simbolizamos a una institución que vive para dar, que trabaja y crea, conocimientos y valores, que sintetizan lo mejor de nuestra identidad, lo mejor de una sociedad que se construye buscando mayor justicia, mayor igualdad y oportunidad para mejorar la calidad de vida de nuestro presente y futuro.
Estos anhelos de trabajo son los podios en que vive nuestro sistema democrático, esos misterios que los foráneos no perciben cuando hablan de por qué vivimos más en paz que en otras regiones. Son la cultura, la educación, la oportunidad para las nuevas generaciones.
Este aniversario, de setenta años, no se ha vivido como lo amerita. Como en su inauguración, cuando desfiles de jóvenes, de futuros estudiantes, de autoridades políticas y hasta religiosas, todos comprendieron la magnitud del momento.
Hoy los políticos son siempre los que acuden a mermar presupuestos, a difamar a los estudiantes y trabajadores. No celebran sus aniversarios, no celebran sus méritos y logros. Los políticos de turno, desfilan por los campus universitarios con temor, no parecen compartir los afanes de la cultura y la vida universitaria, se vuelven contrarios a los más elevados preceptos de la educación, se afanan en recortar el presupuesto, en sentirse amenazados en el poder que representan, deslegitimando la importancia medular de la educación superior.
Así, como hicieran los políticos el 20 de agosto de 1888, firmando el decreto ejecutivo, aprobado por el Congreso y con el rechazo de la entonces Asamblea General Universitaria del cierre de la Universidad de Santo Tomás.
Cincuenta y dos años sin posibilidades de formación universitaria para la mayoría, mayoría que no solo era de trabajadores agrícolas, como lo consideraron esos políticos de entonces, varias generaciones de jóvenes fueron frustradas de un mejor porvenir.
Destinos que hoy en día mejoran sustancialmente para la mayoría de la juventud costarricense, que no puede afrontar los costos de la educación privada.
Este aniversario universitario, lleno de inconformismo para la mayoría de estudiantes y trabajadores, por los acuerdos y compromisos establecidos, no se celebró con estudiantes y comunidad nacional, no se celebró con amplitud en las calles, como fue en su inauguración.
Pero en la marcha todos los que desfilamos, llevamos esta consigna: de más educación pública es el teorema perfecto de la democracia y la igualdad.

Macarena Barahona