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Viernes, 16 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


¡700 artículos de columna!

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 12 marzo, 2011



ELOGIOS
¡700 artículos de columna!


Alguna buena gente se pregunta si vale la pena seguir cinchando del carro de la existencia después de haber alcanzado la madurez y luego de haber criado nietos, yo sospecho que no estamos aquí para descansar sino para dar lo que te queda, así sumes un menos.
Cuando se viene de vuelta, cuando se tiene todavía algo que aportar, cuando aún no acabaste de descubrir que el caminante sabe bien que no existe el camino y que más bien es producto del fatigar la vida, el momento de no aflojar, no detenerse, de vivir intensamente y de continuar pariendo, ya que en la creación está la meta, cada meta, después llegarán la muerte y el olvido…
Me preguntan qué es la felicidad y respondo: “estar contento con lo poco que uno logra” y hay tres metas en las que no soñé y me llegaron en tiempos geriátricos.
He pasado largamente el límite de mis esfuerzos pero no de mi búsqueda que no se detuvo y no tengo el honor de ser periodista, pero como decía el poeta: “Uno está donde uno quiere, muchas veces sin pensar”.
Veamos la primera: Por una circunstancia fortuita, en 1977 publiqué en el inolvidable “Excelsior”, que dirigía Beto Cañas, 50 capítulos semanales sobre el tango que se convirtieron en una de las historias más divulgadas de esa música al publicarse como libro, al año siguiente. Pasó la prueba ácida y hace tres años la Academia Nacional del Tango de la República Argentina me honró como Académico Correspondiente, por ese libro agotado hace más de 30 años.
La segunda gran meta es haber sido designado desde hace varios años Profesor Invitado de la Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania, la número 32ª del mundo en la cátedra de Marketing Estratégico para alumnos latinoamericanos, honor que tuve en los post grados de 40 universidades de diversos países latinoamericanos pero no del mío, a excepción de William Salom en la Interamericana, que es honrosamente colombiano, fuera de eso en Tiquicia no fui suplente de clase de ningún colega.
De la tercera gran meta lograda cumpliré mañana 15 años, que son los transcurridos desde que “La República” pasó al Grupo Hollinger y colaboré inicialmente con Fred Blaser en la conversión de este medio en un periódico de negocios, gracias a la invitación que me hicieron los desaparecidos Julio Suñol y Wilmer Murillo.
La columna nació el 13 de marzo de 1996 y ¿sabe qué es lo realmente importante? Que jamás en estos 15 años se me dijo qué tenía que escribir o no escribir o se me insinuó siquiera un tema o se me censuró una palabra, solamente Carmen Juncos me regaña cada tanto porque me excedo en los 3 mil espacios de rigor que a uno le conceden, lo cual no afecta a la libertad de expresión.
En aproximadamente 700 artículos de columna que publiqué me enorgullezco decir que lo más importante que me ocurrió fue participar de un equipo de columnistas de lujo en el cual no dejo de incluir a Miguel Angel Agüero, mi colega del tablón en el amor por Racing Club de Avellaneda.
Esta maratón de “Elogios” no hubiera sido posible sin el apoyo de Rosemary Engels, Fred Blaser y Flor Campos pero soy injusto porque hay mucha gente valiosa a la que debo mucho en la redacción.
De tal modo, subsisten en mi cansado corazón tres amores que son logros que me sostienen en las malas (en las buenas todas vienen a favor): la Academia Nacional del Tango de la República Argentina, la Universidad de Pittsburgh, PA y el periódico “La República” de Costa Rica. Los tres amores me llegaron, además, trabajando muy duramente en tiempos recientes de búsqueda y no de espera, eludiendo el retiro, asombrándome cada mañana de mantenerme en pie mientras me alentaba con mis propias palabras: Vamos, Polo todavía. Vos podés.
El resto, es cartón pintado.

Leopoldo Barrionuevo
[email protected]