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Durante muchas décadas, el Caribe nacional se ha visto inmerso en una espiral de estancamiento, delincuencia y pobreza, condenado como cualquier otra zona en el país que escape de la Gran Área Metropolitana, víctima del abandono hacia las zonas costeras


2015: el año de Limón

Ya no hay tiempo para seguir pateando la bola. La hora del desarrollo le ha llegado a Limón. Es en este 2015 cuando el gobierno de Luis Guillermo Solís debe saldar una deuda que anteriores administraciones han ignorado.
La aprobación del permiso ambiental para que APM Terminals construya una megaterminal de contenedores obliga al gobierno a ser respetuoso del criterio jurídico, tanto de la Sala Constitucional, como de Setena.
Durante muchas décadas, el Caribe nacional se ha visto inmerso en una espiral de estancamiento, delincuencia y pobreza, condenado como cualquier otra zona en el país que escape de la Gran Área Metropolitana, víctima del abandono hacia las zonas costeras.
En países desarrollados, estas zonas funcionan como núcleos de desarrollo y motores de empleo, reuniendo a las empresas más grandes del mundo en sus centros de negocios.
Ese es el caso de Singapur, China y Holanda, economías que se fortalecen, en buena medida, por el dinamismo de sus puertos y las facilidades que ofrecen para el trasiego de mercancías.
Costa Rica, por su privilegiada posición geográfica, debe sacar provecho de sus condiciones y del mundo de oportunidades que se ofrecerán en torno a la construcción del nuevo muelle.
Como lo ha abordado este medio en diferentes informaciones, varios proyectos empresariales están a la espera del inicio de obras de la nueva megaterminal, por lo que es necesario superar las trabas y agilizar los trámites para ofrecer un entorno óptimo.
Para esto, el gobierno deberá estar a la altura ante cualquier eventualidad y obstáculo al proyecto.
No es un asunto de seguridad jurídica o el miedo a un golpe a la imagen internacional de Costa Rica como un país para invertir. Se trata del futuro de miles de familias y de la oportunidad de aprovechar un momento histórico que podría impactar directamente en una reducción de la desigualdad.
Estaría ahora, en manos de una empresa privada, desencadenar una serie de inversiones que brinden trabajo digno a los limonenses y reactiven la economía de la provincia, misión en la que ningún gobierno ha tenido éxito.
Japdeva no ha podido cumplir tan siquiera con el aporte mínimo al desarrollo de Limón, pese a que la naturaleza de su existencia le obliga a ser un bastión de la provincia.
Una nota de este medio reveló que la entidad incumple cada año con el porcentaje que debe aportar por ley (10% de su presupuesto debe destinarse a las asociaciones de desarrollo y municipalidades), mientras los incentivos salariales crecen como la espuma.
Esto indica que la naturaleza de Japdeva se desvirtuó con el paso del tiempo, pese a las buenas intenciones de los políticos de turno.
Ahora es el turno de cambiar la fórmula y darle la oportunidad a una empresa privada, eso sí, con el adecuado acompañamiento y vigilancia de que, en el proceso, se respete lo acordado.
Más que el año de la discusión fiscal y tributaria, 2015 debe ser el año del salto de Limón.

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