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15 años de la Ley de Protección al Trabajador

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Estamos cerca de festejar los primeros 15 años de la Ley 7983, Ley de Protección al Trabajador.
Esta celebración debería ser ocasión para meditar, analizar y plantear soluciones a los desafíos de las pensiones en Costa Rica.
Pueden existir dudas acerca de cuando el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja entre en crisis.
La Superintendencia de Pensiones ha dicho que será en 2023, mientras la Caja afirma que será en 2040; pero lo cierto es que en ninguno de los escenarios tendrán pensiones dignas para los trabajadores que hoy tienen menos de 40 años.
La revisión es necesaria y urgente, aunque lo verdaderamente importante es encontrar soluciones, y para eso el Régimen Obligatorio de Pensiones Complementarias, creado por la ley quinceañera, nos da una luz de esperanza, pues sus primeros 15 años han sido magníficos.
En estos tres primeros lustros hemos logrado desarrollar conciencia en la mayoría de la población laboral, de que es posible ahorrar para la propia pensión y darle seguimiento al crecimiento de ese ahorro.
En ese periodo los ahorros se han manejado con eficiencia y rentabilidad, controlados de manera rigurosa por una Superintendencia comprometida con la formación de buenas pensiones.
Podemos estar orgullosos de ese sistema de pensiones obligatorio y complementario que, luego de una década de discusiones, nació el 18 de febrero del 2000.
Pero con los alcances actuales del ROPC no podremos financiar nuestro retiro.
Un 4,25% del salario no es suficiente para vivir y disfrutar la pensión como queremos.
Los aportes al ROPC deben aumentar y dada la participación actual de los sectores en el financiamiento de las pensiones, parece que nos corresponde a los trabajadores aportar más.
Además, deberíamos trasladar al ROPC una parte de los aportes actuales al IVM y con la otra parte deberíamos construir un nuevo régimen solidario, o rediseñar el actual y someterlo a controles más eficientes.
Por ejemplo, del 8,50% que en conjunto cotizan al IVM el trabajador, su patrono y el Estado, podríamos pasar 6% al ROPC y dejar el resto para ese fondo solidario que no debería dar beneficios a los trabajadores que superen ciertas características por definir.
De esta forma el nuevo ROPC, empezaría recibiendo 10,25% del salario y se complementaría con esa cotización adicional que permita llegar por lo menos al 12% del salario.
Las consecuencias de los cambios demográficos son irreversibles. Nos gusta que la sociedad tenga mejor nivel de salud y mayor expectativa de vida. Ahora debemos financiar esas mejoras.

José Manuel Arias
Economista

 

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