Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 7 Febrero, 2017

Debemos leer apropiadamente la historia del nacimiento de la empresa Recope, para recordarnos las razones que dieron producto a su nacionalización

Reflexiones

“Ya no más Recope”, no es la solución

Costa Rica ha sido un país exitoso en construir una serie de organizaciones y empresas públicas que han realizado grandes obras de infraestructura y brindado una gran cantidad de servicios de manera pionera y superando, con mucho, los estándares latinoamericanos e inclusive mundiales. El gigantismo estatal, como llaman algunos, se ha ocupado de la salud, la electricidad y las telecomunicaciones, la energía, el desarrollo del sistema de educación pública, entre otros. Sin embargo, las instituciones públicas requieren remozarse para seguir siendo relevantes a los ciudadanos del siglo XXI. Este es quizás el reto de reforma y transformación social más relevante al que nos enfrentamos en los próximos diez años.
Una de esas empresas a sido la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), cuyo papel asignado en la ley fue el de crear el sistema nacional de distribución mayorista de combustibles y servir de enlace, entre la importación y distribución de combustibles, incluyendo su refinación, cuando el negocio involucrado genere beneficios al país. En un mundo basado esencialmente en combustibles fósiles, Recope ha sido una importante y estratégica empresa para el sector público costarricense y ha jugado, un papel clave en materia de contener el poderío de las grandes multinacionales del petróleo. Los precios han sido razonables y esencialmente se han usado para cobrar una gran parte de los impuestos que hoy son claves para el financiamiento público del Estado costarricense.


En una sociedad más abierta y democrática, el excesivo centralismo y las decisiones improvisadas y poco transparentes de quienes han estado al mando de la empresa en los últimos años, han puesto en entredicho el buen nombre de la misma, de igual forma han comprometido a cientos de personas honestas que laboran día a día para la institución. Una pésima alianza con China para construir SORESCO y la terquedad de seguir la ruta de combustibles fósiles como salida para el país han puesto la empresa en entredicho. Ciertamente algunos excesos en su convención colectiva y la desinformación sobre cómo se construyen los precios de los combustibles, han exacerbado el sentimiento anti-Recope de muchos buenos costarricenses. Empero, más allá de las falencias en gestión, la solución propuesta de “ya no más Recope”, puede ser una medicina peor que la enfermedad, que queremos curar.
Como bien me decía mi padre, cuando un árbol tiene dos o tres ramas secas y producen poco, una poda adecuada y una limpia y abonada de sus raíces, pueden generar la solución, no tenemos que cortar y secar el árbol, dado que volver a sembrar otro árbol llevará tiempo y mucha paciencia. Es precisamente lo que he hecho con mis naranjos en el jardín, sembrar uno joven y podar adecuadamente el viejo y muy productivo naranjo. En el caso de Recope, lo que me decía mi padre tiene sentido. Cortar de una vez por todas con la idea de la Refinería le vendría bien a las finanzas de la empresa. Reasignar los trabajadores a otros campos operativos, realizar un ajuste hacia modelos de combustibles alternativos como el gas natural o el biocombustible. Favorecer la incursión de Recope en energías limpias para el sector transporte, dinamizaría la economía en la dirección correcta reduciendo el impacto de nuestra huella de carbono. Integrar a la empresa en los modelos de salario único para nuevos trabajadores, reducir los excesos en algunas de las negociadas convenciones colectivas y motivar, de manera estratégica para que la empresa invierta en continuar la integración del Sistema Nacional de Combustibles a regiones de menor desarrollo.
Estoy totalmente seguro que existen muchos y muy buenos trabajadores en Recope, como los hay en la Caja, el ICE, las universidades públicas y en general, en el sector público costarricense, lo que se requiere es un trabajo estratégico para redireccionar la gestión y la dirección de estas empresas y organizaciones públicas por el sendero de su adecuación a las nuevas condiciones del entorno económico y social que demanda el siglo XXI.
La apertura de los monopolios públicos mal concebida y en medio de la intolerancia y prepotencia de algunos, puede terminar siendo peor que la enfermedad. Debemos leer apropiadamente la historia del nacimiento de la empresa Recope, para recordarnos las razones que dieron producto a su nacionalización. Eso sí, debemos entender que para conducir los derroteros de las empresas e instituciones públicas del presente, se requiere mucha más inteligencia y liderazgo y sobre todo, honestidad, transparencia y consecuencia con los intereses de la ciudadanía. Al fin y al cambo, no son bienes de difunto, son esencialmente la inversión de cada uno de nosotros los costarricenses y la herencia para nuestros hijos y nietos.

Dr. Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com