Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 25 Octubre, 2016

Es importante hacer un alto en el camino para celebrar lo verdaderamente importante

¿Usted qué celebra?

En un mundo donde la información está al alcance de los dedos, me parece insensato ver y oír cómo muchos padres justifican el involucrar a sus hijos en tradiciones y celebraciones que no son nuestras, con pleno desconocimiento de la historia y repercusión de las mismas. El ser humano es un ser influenciable, de masas y de celebraciones, esto por supuesto que no es malo. Pero no todo me es bueno o provechoso y mucho menos cuando les estamos enseñando y transmitiendo tradiciones a nuestros hijos. Recordemos que la responsabilidad de ser padres viene con el hecho probado de que siguen cada uno de nuestros pasos, ya que lideramos con el ejemplo.

¿Pero qué celebrar, para qué y qué les estoy enseñando a mis hijos con las fiestas?

-                “Celebración es un término con origen en el latín celebratĭo. El concepto refiere a la acción de festejar, conmemorar, alabar, reverenciar, realizar una reunión o acto. Una celebración tiene el objetivo de recordar, conmemorar u homenajear algún acontecimiento o a una persona”.

Para mí, celebrar el cumpleaños de alguien, el Día de la Madre, del Padre, el Día de Acción de Gracias, mi aniversario de casados tiene sentido. ¿Pero celebrar Halloween o la fiesta de los muertos? NO. No me suma nada. Respeto a quienes lo hacen, pero no lo hago, ni se lo enseño a mis hijos.

Aunque efectivamente es una fiesta que se ha transmitido por la cultura estadounidense, sus orígenes realmente son europeos. Lo que hoy conocemos como la Noche de Brujas o Halloween se celebraba hace más de 3 mil años por los celtas, un pueblo guerrero que habitaba zonas de Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia. Precisamente el 31 de octubre, los celtas celebraban el fin de año con el Samhain, una fiesta pagana. Con la inmigración europea a Estados Unidos, principalmente la de los irlandeses católicos en 1846, llegó la tradición de Halloween al continente americano.

Cuando se habla de Halloween o Día de las Brujas se piensa en disfraces, maquillaje, fiesta, dulces y niños; pero la tradición indica que su celebración no siempre fue festiva y alegre, y que los ritos que se practicaban durante la noche eran de carácter religioso.

El 31 de octubre es una fecha asociada con los muertos, las almas en pena, las brujas y los hechizos. Estas características se deben a su cercanía con el día de los difuntos, que originó la Iglesia católica y que se conmemora el 1° de noviembre. Como en otros festivales de año nuevo, en esta fecha para este pueblo los muertos volvían a estar entre los vivos. Los celtas hacían sacrificios humanos en honor del dios Samhaím, señor de la muerte.

Los días especialmente significativos para un pueblo dicen mucho de él y por supuesto dicen mucho de la familia. En un mundo cada vez más loco, más convulsionado, más violento, donde los principales valores se han perdido, donde la gente se ha vuelto egoísta, donde los sentimientos no tienen valor y los ideales ya no existen, cómo celebrar algo contrario a las que se suponen son las creencias de la mayoría, o Costa Rica ya no es un pueblo cristiano. Es importante hacer un alto en el camino para celebrar lo verdaderamente importante. En días anteriores hemos tenido muchas tragedias humanas por temas naturales, accidentes, delincuencias y suicidios. Estaremos con nuestras fiestas reflejando el verdadero valor que le estamos dando a lo frágil que es la vida. ¿Entonces por qué celebrar la muerte?