Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Jueves 23 Marzo, 2017

Pizarrón

¿Un proceso electoral sin candidatas presidenciales?

La población del país, en términos generales, se divide en dos partes iguales, de mujeres y hombres, ligeramente un poquito más mujeres que hombres. Para los procesos electorales del mismo modo los electores, los mayores de edad, los ciudadanos, los votantes, se dividen de la misma forma.

Desde 1951 las mujeres ejercen su derecho de voto y desde 1953, cuando fueron electas las primeras tres diputadas, participan activamente en la política nacional con posibilidades de ser electas.
Sin embargo, la cultura política nacional, dominada por el machismo ancestral, y cultural, que devino desde la dominación colonial española, impuso conductas políticas en las que se privilegió la participación de los hombres en el escenario político electoral. Ello se afirmó con la exclusión que se hizo, desde la Independencia, de ejercer el derecho de voto de las mujeres hasta 1949.
Aun cuando empezaron a participar, y a integrar las listas electorales, a partir de 1951, se les colocaba en esas papeletas en sitios de poca posibilidad de salir electas.
Fue a partir del gobierno de Óscar Arias Sánchez, en su primera administración 1986-1990, cuando se impulsaron con fuerza institucional las políticas de igualdad de la mujer, que llegaron finalmente a alcanzar el escenario político electoral cuando se estableció la obligatoriedad para todos los partidos políticos de tomar en cuenta, en posibilidad real de elección, a las mujeres. Así se estableció la alternabilidad en las listas de candidatos a diputados ofrecidas por cada partido en cada una de las provincia.
Al principio esta alternabilidad no fue obligatoria más que en aquellas provincias donde se habían elegido diputados, por parte de los partidos políticos, dejando abierta la puerta para que en las otras provincias esa alternabilidad no fuera obligatoria. Luego se avanzó para que en todas las provincias se usara la fórmula de alternabilidad de género en las listas provinciales, como se hizo en la última elección de 2014.
Para la próxima elección de febrero de 2018 se ha establecido la llamada alternabilidad paritaria y horizontal, de manera que alternen hombres y mujeres, en la lista de cada provincia y, a la vez, alternen en el encabezamiento de las listas por provincia, obligando a todos los partidos que por lo menos tengan tres provincias encabezando sus listas de diputados por mujeres.
Esta paridad vertical y horizontal funcionará en estas elecciones de febrero de 2018. Pero, a partir de ellas en todos los procesos electorales futuros, las municipales de 2020 y las próximas nacionales de 2022, y así sucesivamente.
A nivel de diputados así se garantizará, en la probabilidad, un poco más de mujeres electas diputadas, de las que ahora hay en la Asamblea Legislativa, siempre y cuando todos los partidos pongan cuatro mujeres a encabezar sus candidaturas de diputados, y además las coloquen, en esos puestos de elección, en aquellas provincias donde los partidos que han elegido diputados históricamente, no las releguen a las provincias que menos diputados han elegido, o que del todo no han elegido, o que han recibido menos votos.
Esta ubicación de las mujeres, como candidatas a diputadas, solo lo sabremos cuando las respectivas asambleas nacionales, o provinciales, de los partidos políticos nombren o designen sus candidatos y candidatas.
Lo que sí es evidente y real es la poca participación que hay, en este proceso electoral, de posibles candidatas a la Presidencia de la República. En los partidos Liberación Nacional, Unidad Social Cristiana y el Frente Amplio, solo candidatos hombres disputan esa posibilidad de encabezar la lista presidencial.
El partido Movimiento Libertario tiene a la diputada Natalia Díaz disputando esa oportunidad al diputado Otto Guevara. El Partido Acción Ciudadana tiene dos candidatos hombres disputando esa candidatura presidencial, amenazados por la diputada Epsy Campbell, de entrar ella a disputarles esa posibilidad, sin que a esta fecha haya afirmado su decisión final. Por ello, de estos dos partidos la única real precandidata es hasta hoy Natalia Díaz.
Los partidos Republicano Social Cristiano y Nueva Generación, ya tienen sus candidatos presidenciales, Rodolfo Hernández y Sergio Mena, respectivamente.
Los otros partidos, cristianos no católicos, que tienen representación parlamentaria, han insinuado las candidaturas de sus diputados, hombres, como posibles candidatos presidenciales.
Los partidos que están inscritos para participar en las elecciones de 2018, que no tienen representación parlamentaria, aún no han definido sus candidaturas, salvo las mencionadas de Rodolfo Hernández y Sergio Mena.
A nivel presidencial, en este escenario, probablemente las mujeres estarán más relegadas como candidatas presidenciales, que en procesos anteriores. Si acaso habrá una.
Aún faltan algunas semanas para que esto quede totalmente claro, pero como pinta el panorama en este momento pareciera que esto no va a cambiar. Pareciera que en el proceso electoral, que ya estamos metidos, se avance sin mujeres candidatas presidenciales.
Si por representación absoluta de mujeres se tratara, solo en la campaña electoral de 2006 se inscribió un partido político de mujeres, que desapareció en ese mismo proceso electoral. Políticamente esa lucha fue un fracaso y no hay a la vista movimientos feministas interesados en levantar de nuevo esta bandera electoral. Al final esas mujeres de 2006 se diluyeron e integraron en el espectro de los partidos existentes, que sobrevivieron aquella elección y siguen actuando en política.
A nivel legislativo cuando las mujeres han llegado a tener 25 representantes, ni siquiera se ha podido constituir un frente común de mujeres diputadas, en luchas concretas específicas. Ni siquiera para nombrar las autoridades del Directorio legislativo han funcionado como tal. Ni para esto han logrado la cohesión suficiente. Ellas mismas al interior de la lucha y actividad parlamentaria no se unifican por género sino por el interés de sus partidos. Este escenario probablemente tampoco cambiará en el próximo Congreso legislativo. Por ahora, así es la cosa…