Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 7 Marzo, 2017

Es indispensable establecer y reforzar un sistema de entrenamiento y reentrenamiento para facilitar la migración de los empleos que se van a perder y aprovechar las nuevas oportunidades que se abrirán

¿Sigue la globalización?

Medida por los indicadores tradicionales, la globalización parece haberse detenido. Pero antes veamos algunos de sus efectos. El primero es que la producción mundial ha sido mayor con globalización que si las economías hubiesen permanecido cerradas. Por ejemplo, el McKinsey Global Institute calculó, que, en 2014, debido a los flujos globales de bienes, servicios, capitales, datos y gente, el Producto Interno Bruto (PIB) mundial fue un 10% más elevado que en un escenario sin esos flujos.

El segundo es que se redujo la brecha en la distribución del ingreso entre los países en desarrollo y los países desarrollados. De acuerdo con la UNCTAD, los países en desarrollo crecieron entre 1992 y 2000 a una tasa anual promedio del 3,0% y del 4,6% durante 2000 y 2010; mientras que los países desarrollados crecieron a tasas del 2,3% y el 1,0% para los mismos periodos respectivamente. Es decir, la globalización produjo, durante esas dos décadas, un proceso de convergencia entre los países en desarrollo y los desarrollados. Mejoró la distribución del ingreso entre países.
Tercero, disminuyó la pobreza en el mundo. Esta se redujo a la mitad en menos de dos décadas. Pasó de un 41,6% en 1990 al 20,6% en 2006. Este es quizás el resultado más importante de la globalización, y sin precedentes en la historia de la humanidad.
Ahora bien, los indicadores de la globalización usualmente utilizados, muestran una reversión de tendencias. Estos incluyen el crecimiento del comercio como porcentaje del PIB, la inversión extranjera y el comercio transfronterizo de activos financieros. De 1990 a 2007, el comercio global creció al doble de la velocidad que el PIB global. Pero ahora, la globalización del comercio se ha detenido. Desde 2010 el crecimiento del PIB global ha sido mayor que el comercio. Por su parte, el comercio transfronterizo de activos financieros se ha reducido de un máximo superior al 50% del PIB global en 2007 a alrededor del 35% en 2015. Y los flujos de inversión extranjera directa no han recuperado los niveles de hace diez años.
Por otro lado, si bien la globalización explica la creciente igualdad entre países, no es un factor central en la creciente desigualdad dentro de los países industrializados. El principal culpable es el cambio tecnológico, el cual automatiza las labores rutinarias manuales o cognitivas y aumenta la demanda de trabajadores altamente calificados. Este explica alrededor del 85% de la pérdida de empleos industriales (Ball State University). En segundo lugar, los cambios en las políticas tributarias implementados en EE.UU. han beneficiado a los más ricos (Paul Krugman). De tal manera, que, a pesar de los discursos y resultados electorales, las importaciones han jugado un papel menor en la pérdida de empleos.
Si bien Estados Unidos viene perdiendo empleos industriales (5,6 millones entre 2000 y 2010 según Bloomberg News). La producción industrial mantiene un crecimiento sostenido. Es decir, la automatización ha aumentado la productividad. Esto es congruente con que el comercio internacional no haya sido un factor de gran importancia para explicar la pérdida de puestos de trabajo en las manufacturas. Pero, ¿se ha detenido la globalización?
La globalización cambió. Hoy es de datos. El volumen de datos transfronterizos se ha multiplicado por 45 desde el 2005. La expectativa es que en los siguientes cinco años se multiplique al menos por nueve (Bloomberg News).
De tal manera que el resurgimiento del proteccionismo comercial (nacionalismo económico) no va a detener la automatización ni la transición a una economía digital globalizada. ¡Pero sí puede traer empobrecimiento si logra reducir el comercio internacional!
Además de proteger, mediante la diversificación, los flujos comerciales, debemos prepararnos para aprovechar mejor la nueva globalización digital. Es urgente lograr la conectividad de banda ancha por fibra óptica a todos los hogares, oficinas y negocios. Es inaplazable el gobierno digital (relación ciudadano-gobierno y gobierno-gobierno). Finalmente, las nuevas tecnologías requieren menos mano de obra no calificada, y son intensivas en conocimientos. Por lo tanto, es indispensable establecer y reforzar un sistema de entrenamiento y reentrenamiento para facilitar la migración de los empleos que se van a perder y aprovechar las nuevas oportunidades que se abrirán. La inacción en cualquiera de estos tres frentes tendría consecuencias muy negativas para Costa Rica.