Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 19 Abril, 2017

¿QUÉ PASARÁ CON LOS TRABAJOS QUE HOY HACEMOS?

Hoy abundan las preocupaciones por la pérdida de empleos a causa del acelerado cambio tecnológico y la robotización. Claro que debemos examinar esos riesgos, para atenuar su impacto, pero tomando con una pizca de sal las visiones fatalistas.

En 1798, Malthus pronosticaba que la población crecería en proporción geométrica y que la producción de alimentos crecería en proporción aritmética. Es decir, que no tendríamos con qué alimentar a una población creciente y que aumentarían las hambrunas y la desnutrición.
Para 1973, el Club de Roma anunciaba que el petróleo se acabaría en el 2000 y que enfrentaríamos una escasez creciente de materias primas (minerales, alimentos, etc.).
En 1985, se decía que el “striptease” boscoso de Costa Rica terminaría dejándonos sin árboles y sin bosques en el 2010. Hoy, sin embargo, la cobertura boscosa y arbórea han aumentado y superan el 50% de nuestro territorio.
Esas visiones pesimistas no tuvieron en cuenta la capacidad del ser humano de romper ciclos perniciosos (deforestación, por ejemplo), ni de lograr mejoras científicas y tecnológicas para aumentar la producción de alimentos y de materias primas o de mejorar la eficiencia en su utilización (menor consumo y desperdicio, más reciclaje, energía renovable, etc.). La realidad es que hoy vivimos mucho más, tenemos más y mayor diversidad de alimentos disponibles y más bien aumenta la obesidad a niveles de epidemia.
Bien, pero ¿qué pasará con los trabajos que hoy hacemos? Cambiarán inevitablemente, pero dependerá de nosotros saber aprovechar esos cambios.
Debemos huir de dos posiciones extremas: 1) las utópicas; 2) las distópicas. Las utópicas asumen que el progreso tecnológico conllevará siempre un progreso social y humano. Las distópicas asumen que todo progreso de la ciencia y de la tecnología conllevará un empeoramiento de las condiciones sociales y humanas; que traerá consigo más desempleo y más pobreza.
¿Será verdad? Si así fuera, ¿por qué los países más avanzados tecnológicamente que nosotros, tienen niveles inferiores de desempleo que nosotros? ¿Por qué Suiza, Corea, Alemania, Estados Unidos, tienen niveles de desempleo muy inferiores a los de Portugal, Grecia, Costa Rica o Venezuela?
Es verdad que los cambios científicos y tecnológicos implicarán cambios en el mercado de trabajo: desaparecerán o se modificarán empleos que hoy desempeñamos.
La mecanización y las mejoras en la agricultura e incluso las impresoras en 3 dimensiones (3D), permitirán producir más comida con menos esfuerzo de mano de obra (con menos trabajadores) y con menor cantidad de tierra disponible. La introducción de nuevos materiales y de nuevas técnicas de construcción, permitirán construir más metros cuadrados con menos peones, constructores o albañiles.
Cierto, sustituiremos mano de obra agrícola y constructiva, pero querremos más turismo, mejores jardines, más casas y más detalles constructivos (cocinas y baños con acabados más finos, mejores juegos de luces, etc.), que requieren mano de obra más calificada. Por eso, en el mundo, los empleos de construcción no han caído, solo se han modificado y el desempleo agrícola no es mayor.
Apenas nos asomamos a los cambios en las tecnologías de la salud y algunos pesimistas avizoran la pérdida de empleos. Sin embargo, los profesionales de la salud crecen también, aunque no se garantiza un trabajo para todos.
Otras tareas cambian, sin dejar de ser indispensables. Por ejemplo, el correo de cartas, los telegramas, han venido desapareciendo a favor de los correos electrónicos o de los mensajes de texto; pero ha aumentado el servicio de “courier” y de despacho de productos por medio del correo (Amazon y Alibabá los necesitan para cubrir la demanda de productos por Internet).
Los utópicos, se imaginan un mundo feliz, libre de todos los males, presentes y futuros. Seguramente se equivocan, pero se equivocan aún más los “distópicos”, que avizoran un mundo sombrío, sin trabajo, sin comida y sin esperanza.
El desempleo en Costa Rica, no se explica por los cambios tecnológicos, sino por políticas equivocadas, inseguridad jurídica y por regulaciones y cargas excesivas. El mundo necesitará más trabajos creativos (artísticos y científicos), tecnológicos, turísticos, personales y sociales; y Costa Rica puede suplirlos exitosamente si nos la creemos, si nos preparamos y si les quitamos palos a las carretas de nuestros emprendedores.